Una tarde para recordar

Llevo unos días triste y agobiada porque no me gusta mi trabajo. Porque soy especialmente creativa y al mismo tiempo hogareña y ser maestra implica que llegue abatida de tanta tensión porque los niños/as no solo aprendan sino que lleguen sanos y salvos a sus casas. Además de aguantar a compañeras ineptas e incultas de forma constante, que envidian todo lo que salga bien y no sea producto de ellas.

Además no es mi vocación. Mi vocación es ser escritora. Escribir y escribir hasta caer rendida. Inventar historias, fantasear con realidades inexistentes, plasmas emociones, ideas o experiencias. Ayudar con mis palabras. Acompañar con mis palabras.

Utilizar toda la sensibilidad que llevo dentro y sacarla a pasear como medio de trabajo.

Y estaba yo muy triste cuando mi novia me llama en el recreo por teléfono y me dice que acaba de encontrar a un gatito muy pequeño que alguien ha tirado desde su balcón. Una vez más, mi corazón se acelera, siento rabia, impotencia, dolor, ganas de que más de un humano se vaya literalmente al infierno por hacer sufrir a los más indefensos. Luego respiro y pensamos en soluciones. Hice unas llamadas, mi novia otras…Luego regresé al recreo. Niños/as españoles, mimados, consentidos, anonadados por el exceso de todo a su alrededor, y me digo: no me gusta esto. Los animales me llenan mucho más. Son tan débiles y tan maravillosos…

Regresé a casa. Atascos. Coches. Mi preocupación por no saber cómo ayudar al gatito (tengo perro y gato en piso de alquiler y no puedo quedármelo…). Llegué con ganas de llorar.

Pero la cosa se ha solucionado. Hemos encontrado entre todos/as los implicados/as una casita temporal.

Y el momento más hermoso…Sostenerlo tooooda la tarde en mi regazo, acariciar a un ser tan indefenso…Llevarlo al veterinario y acompañarle mientras le examinaban, tiene una patita regular y un pulmón (del golpe), pero saldrá casi seguro adelante, es precioso, tierno…

Esta tarde me ha hecho reflexionar sobre lo que me importa en esta vida. Y ese ser tan pequeñito, frágil y dolorido me ha emocionado. Apenas podía caminar, pero le pusieron en el suelo y ¿sabéis hacia dónde se dirigió? (éramos 5 personas allí) A MÍ!!!!!!!. ¿Cómo ha podido enternecerme tanto?

La fragilidad emociona. La inocencia también. Apenas queda de eso en los humanos. En los animales sobra.

Él ha caído en mi vida, me ha ayudado y aunque no me hubiese ayudado, igualmente sólo dejaré que sea adoptado por alguien maravilloso que le adore como se merece.

Y qué par de ojos azules/grises más dulces…

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