Ser vegana

Un día me hice vegana.

Así sin más.

Leí un libro y comencé a investigar sobre nuestra relación con los animales no humanos. Siempre sentí una empatía especial hacia ellos, quizá porque los percibía como individuos inocentes, sin malicia ni prejuicios. No obstante, empecé a ver cómo trataban a los animales en granjas, mataderos, circos, criaderos… Cómo sufrían, cómo intuían que los iban a asesinar, cómo temblaban, cómo padecen, temen…

Poco a poco fui atando cabos. Leí acerca del significado de “especismo”, aquello era un vocablo nuevo para mí, se refería a la discriminación que sufren los animales no humanos por el simple hecho de no ser humanos. Sus vidas, su sufrimiento, sus intereses (de los cuales hay dos en común con los nuestros: interés en vivir y en no sufrir) quedan en un segundo plano, quedando en el primero las hamburguesas/filetes/jamón/y un larguísimo etcétera, los bolsos/zapatos/abrigos de piel, los circos con animales explotados…

El especismo era una discriminación idéntica al racismo o al sexismo, solo que con otras víctimas. En toda discriminación hay unos prejuicios interiorizados en la infancia, unos “dominantes” y unos afectados. La idea es siempre la misma (este no pertenece a nuestro grupo así que será sometido), la víctima cambia. Así de simple.

Cuando hablamos de racismo decimos que en la época de la esclavitud afroamericana los blancos explotaban/vendían/discriminaban a los de color porque éstos no tenían tanta inteligencia, porque eran negros, porque… no eran blancos. Y con eso razonaban todo el daño ejercido. La gente no era ni mala ni buena, sencillamente asumían unas ideas aprendidas y no reflexionaban sobre ellas.

Cuando hoy día hablamos de especismo, la gente tiende a decir algo parecido: “bah, un cerdito no habla ni piensa”. Bueno, pero un bebé recién nacido tampoco y no por ello experimentamos en él ni nos lo comemos. Entonces la persona vuelve a replicar: “Ya, pero no es lo mismo, no compares”. Y yo les pregunto: ¿Por qué no comparar? Hablamos de que en ambos casos no piensan al nivel de un humano-adulto ni hablan. Estoy poniéndote a dos individuos que SIENTEN, que QUIEREN SEGUIR VIVIENDO, que SUFREN si les colgamos de una pierna y les cortamos el cuello. Y la otra persona termina diciendo: “Ya, pero no es lo mismo porque no son humanos“. Y ahí se termina la conversación. Frases del tipo: “No es lo mismo porque no son humanos” me recuerdan a afirmaciones tajantes como “No son blancos”; “No es un hombre sino que solo es una mujer”; “No es heterosexual ni normal”.

Otra de las excusas que he escuchado es: “Pero los animales están al servicio del hombre, eso ha sido así desde siempre”. Desde siempre. Des-de siem-pre. Justamente lo oí decir hace una semana a una compañera de trabajo. Desde siempre existió el maltrato a la mujer, desde siempre existió la guerra, el asesinato… Y no la apoyamos éticamente, un hombre que mata a su compañera es encerrado y juzgado, no recibe a cambio un salario. Sin embargo, cualquiera puede ir a comprarse un perro y hacer con él lo que guste (como mucho si alguien se entera puede verse obligado a pagar una multa…ya ves), el asesinato de animales no humanos está legalizado en nuestra sociedad y es “moralmente” aceptado. Que los toros, las pieles, los circos con animales, la carne en el plato sean elementos culturales que se hacían en la EDAD MEDIA no significa que sean lícitas ahora, debemos evolucionar y en la evolución debemos restar los daños a aquellos que se vean AFECTADOS. También ANTES se prohibía el voto a la mujer, o su acceso al mundo laboral, tampoco existía el divorcio, ni la mujer estaba protegida legalmente en caso de maltrato. Y no por eso apoyaríamos que siguiese siendo igual que hace 90 años.

Y es que la NORMALIZACIÓN de conductas e ideas discriminatorias comienza en los primeros años de vida, un niño/a muy pequeño/a se horroriza ante el sufrimiento de un animal, no vincula al pollito amarillo que tanta ternura le provoca con el filete que se come. No sabe que ese pollito ha tenido que sufrir previamente para estar en su plato. No concibe el daño a otro individuo que siente. Poco a poco, los libros de texto, la literatura infantil, la sociedad que le rodea, la escuela, EL LENGUAJE irán ofreciéndole un mapa de “estatus”: tú eres humano así que eres más importante que los animales no humanos.

Opino que los veganos/as no somos ni mejores ni peores, ya digo que no se trata de culpabilizar ni criminalizar sino de invitar a la reflexión, toda decisión que tomamos, todo lo que hacemos y que repercute en otros individuos hay que analizarlo previamente (cómo mínimo, ¿no?).

El respeto debe extenderse hacia TODOS los individuos que sienten (los animales humanos y no humanos sentimos igualmente, tenemos sistema nervioso, huimos del dolor, tememos y queremos a nuestra forma), y la palabra Respeto no puede incluir otras como explotación, venta, asesinato…Sencillamente no pueden ir unidas ni incluídas.

Todo eso concluí hace unos años y sigo pensando igual. No soy la única. Hay millones de veganos y vegetarianos en el mundo. Más de lo que se pueda llegar a imaginar. Meditar sobre lo que comemos, hacemos o decidimos es siempre recomendable.

Un saludo 🙂

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Un comentario en “Ser vegana

  1. Pingback: Vegetariana o un poco menos « Con el mayordomo de Mastropiero hay una historia muy interesante…

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