La tribu

A pesar de que mi trabajo no consigue llenarme plenamente he de reconocer que estoy entregando mis ideas y mi esfuerzo en el aula. Sin saber cómo ni por qué mis alumnos/as de cinco años me han subido al más elevado altar de admiración y amor desinteresado. Puedo regañarles (a veces mucho porque andan muy nerviosos/as con la primavera), o llegar por la mañana con ojeras y cierto mal humor, puedo dejarles sin su clase de psicomotricidad si me han dado mucha guerra ese día… Que les da igual, mis alumnas/os me declaran su amor abiertamente.

“Seño guapa!!!”; “Seño guapísima de la muerte”; “Seño te quiero”; “Seño, ¿te he dicho alguna vez que eres la mejor en todo todo?; “Seño me encanta tu falda”; “Seño me gusta cómo te pintas los labios”; “Seño eres la mejor seño”; “Seño, ¿a que me quieres más a mí que a los demás niños?”; “Seño te invito a mi cumple”; “Seño quiero que te vengas a mi playa”; “Señoooo te voy a hacer un regalito, sabes el que? una XBox” … Y un larguíiiisimo etcétera.

Pues no contentos/as con eso han pasado al ataque romántico, ese amor platónico hacia la figura de su profesora (que en este caso soy yo) y que les lleva a protagonizar momentos como estos:

Estoy explicando muy enfadada que no se debe utilizar la violencia en el recreo para discutir un asunto, que deben respetarse, que estoy disgustada por las peleas acontecidas…Cuando de repente, una niña que siempre se porta bien se levanta, se coloca de pie sobre su propia silla y grita: “SEÑO TE AMOOO”.  Y yo le pedí que se sentase, a ella le daba igual que yo pudiese regañarle, allí estaba, subida en una silla gritando.

Otro momento (este se me ha repetido en varias ocasiones con diferentes niños y niñas) muy gracioso es que mientras yo ordeno el aula, o explico en la pizarra, o les leo un cuento, o simplemente estoy entretenida corrigiendo ejercicios suyos, me mira alguna o alguno y me dice abiertamente: “Señorita, quiero de mayor casarme contigo”. Y es una declaración muy tierna que se da tanto en chicos como en chicas, porque ellos/as no distinguen, para ellos/as el mundo es mucho más sencillo que para los adultos.

En los recreos siempre ando con una “corte de admiradoras y admiradores” de escasa estatura que me piden afecto, adivinanzas, que les coja en brazos, que les escuche.

Y a veces, sus ocurrencias me obligan a reírme sin parar, porque hay que reconocer que en ocasiones tienen gracia (aunque de normal me tengan agobiada con tantos gritos y peleas). El otro día, mientras jugaban con plastilina, una alumna vino corriendo a decirme que quería prepararme un plato delicioso con su plastilina, yo le propuse espaguetis y ella dijo: “Vale, unos espaguetis para la señoooo, pero SIIIINNNN carne que la seño es vegetariana !!!”

Pienso que el racismo, el sexismo, la homofobia, el especismo aún son términos que ellos no utilizan, son formas de comportamiento que todavía no han asumido (tristemente están en el proceso de aprenderlas e interiorizarlas) y a veces me gusta quedarme entre su tribu diminuta que no juzga, que no hiere, que no ofende, que no señala.

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