El armario semi cerrado de algunas lesbianas

Voy a ofrecer mi opinión sobre la NO visibilidad o la NO normalización de la homosexualidad que muchas y muchos homosexuales perpetúan por temor a las reacciones de los demás. Y que conste que lo hago desde el cariño y el respeto hacia este tema y hacia la decisión de cada persona de hacer lo que más guste.

Para empezar, creo que en el armario los únicos que deben quedarse son los monstruos, los seres humanos estamos mejor fuera de ellos. Seguro.

Tras leer muchos de vuestros blogs, tras analizar numerosos casos de conocidas/os, amigos/as, he ido concluyendo lentamente que uno de los principales obstáculos con los que se encuentra el avance social con respecto a la homosexualidad son los mismos prejuicios o vestigios de los mismos que mantienen los/as mismos/as homosexuales.

Hablo de una especie de homofobia interiorizada, que lógicamente asumieron desde la infancia y de la cuál no parecen ser conscientes o no saben cómo deshacerse de ella.

Pasé una adolescencia muy bonita, fui afortunada en muchos aspectos: mi familia, mi situación económica, mis amistades, mi colegio… Era yo una chica feliz, sensible, apasionada, amante del teatro y de los libros, buena estudiante. Pero algo en mi interior me abatía, yo no le daba un nombre exacto ni una explicación, pero junto a los chicos sentía un vacío doloroso y yo era una persona con demasiado movimiento interior, demasiado amor por regalar y demasiado exigente como para conformarme con la tristeza continuada. Durante un tiempo traté de ser reflexiva, de cuidar mis sentimientos, de madurar y ofrecerme respuestas en vez de continuar viviendo a medias. No me precipité, ni tomé decisiones inmediatamente, no quise etiquetar nada. Simplemente mantuve la calma y fui buscando mi sitio, mi camino, el sentido a mis emociones.

Y lo encontré. Al cumplir los 18 años decidí nombrarme, crecer, decir, informar, y sobretodo decidí VIVIRME. Aquella fue una decisión tan liberadora (no fingir nunca más, no herir a más personas del sexo masculino, no engañarme más a mi misma…) que pese a todo lo que pudiese encontrar en ese momento como obstáculo era extremadamente feliz. Quiero decir, que yo no vivía en Disneylandia, el ambiente que me rodeaba era conservador, la ciudad en la que vivía era muy conservadora y era muy joven, muy aniñada aún. Sin embargo, la libertad de poder comenzar a vivir acorde a mis sentimientos y deseos me proporcionaba una fuerza imparable y un profundo bienestar.

He contado brevemente mi “historia personal” para aclarar que en esta sociedad nadie que se diferencia ligeramente por algo tiene un camino sencillo que recorrer, pero que la sensación de ser yo misma y el valor que le otorgo a mi dignidad hicieron que nunca dudase en comunicarlo.

Cuando una persona concluye que es homosexual y si además está enamorada y cuenta con el apoyo de su pareja, no debería agachar tantas veces la cabeza ni esconderse. No debería y aún así lo veo de vez en cuando.

Como dije alguna vez, puedo comprender que una chica de 15 años que acaba de descubrirlo y que tiene una familia terrorífica capaz de echarla de casa por tan estúpido motivo, tema, calle, se lo guarde. Pero sólo en esta circunstancia puedo comprender el silencio, o el no presentar a su novia.  No obstante, cuando se trata de una persona mayor de edad, con independencia moral e incluso económica, con una familia civilizada y normal (cuando digo normal me refiero a que sea una familia incapaz de agredir físicamente a un hijo/a por ejemplo) no llego a comprender una postura de recogimiento, de vergüenza o temor. ¡Claro que a algunos padres no gustará la noticia!, pero ese es problema suyo, si desde que un niño o niña nace sus padres ya les asignan una inclinación sexual que no tiene por qué ser la verdadera, el problema es de ellos por dar por sentado una decisión absolutamente personal e individual. Un ejemplo absurdo: imaginad que unos padres que acaban de recibir a su bebé en los brazos afirmasen tajantemente que su hija va a tener el cabello pelirrojo y los ojos azules, y que este bebé crece y acaba siendo rubia con los ojos verdes. ¿Tendría que sentirse esa hija peor persona o temerosa por no cumplir tan tonta expectativa?

Muchas lesbianas y muchos gays prefieren vivir en un armario semi cerrado, quedan con personas (amigos o familiares)  pero no hablan de su vida privada, omiten que están enamoradas, o que viven con su novia/o, o que son felices desde hace tiempo con una persona extraordinaria. Y yo me pregunto ¿a qué se debe tanto silencio?, ¿prefieren mantener una amistad o a un familiar a su lado viviendo una mentira? ¿merecen las personas que nos discriminan nuestro cariño o nuestra amistad? ¿consideran más importante a cualquier persona cargada de prejuicios que a su pareja?

Yo creo que lo que realmente ocurre es que algunas lesbianas y algunos gays en el fondo, y aunque no lo reconozcan, toman su inclinación sexual como algo que ofende, como algo no tan bueno que mejor omitir, como algo que por obligación tienen que ser pero de lo que no se sienten orgullosos/as. Incluso creo que piensan que protegen de algo malo a esas personas a las que no les hablan abiertamente de su relación. Y, lo más doloroso es que las llegan a “comprender”,”disculpar” a esos supuestos seres queridos o amigos/as que en el fondo no las quieren tanto, pues yo JAMÁS preferiría ver a mi hija/hermana/amiga/prima triste, con su vida rota y de la mano de un chico, si en el fondo a quién ama es a una mujer.

El amor, el verdadero (ya sea fraternal, o romántico) es comprensivo y hace a las personas más justas y más flexibles con la forma de ser de cada persona amada.

Entonces, no sé por qué tanto callarse las cosas… En mi camino hubo personas de todo tipo, más buenas, más tontas, más justas, más egoístas, más dulces, más divertidas, más éticas, más cultas, más incultas, más ancianas, más jóvenes…Pero nunca quise ocultarme, pues al ocultarnos desnaturalizamos lo natural y le damos más razones a quienes discriminan para que lo sigan haciendo. Mis tías por ejemplo son personas mayores, y una de ellas es muy religiosas, pero en cuanto supo que yo era lesbiana me abrazó y me dijo que lo más importante en este mundo es el AMOR. Yo no me avergoncé jamás de ser una mujer enamorada de otra.

Yo no podría ir a una cena familiar si mi novia no pudiese acompañarme como mi pareja, tampoco podría irme al cine con amigos/as o familiares que no me hablasen con naturalidad de lo mío y por tanto con quiénes tuviese que omitir el tema.

No olvidéis que hay muchas formas de discriminar y múltiples maneras de destruir el autoestima y la integridad de un ser humano: cuando una persona dice que es lesbiana se encuentra con muchas reacciones distintas, a veces a quién se lo cuenta le rechaza (en los menos casos) o le echa de casa o le retira la palabra, pero hay una manera MUCHO más dolorosa y sútil de discriminar, y es aquella persona que una vez sabe que eres lesbiana establece una barrera y aunque te llama, te invita a comer y te abraza, no te habla de ello ni da opción a que lo hagas, no normaliza la situación ni se interesa por el bienestar de la pareja, no nombra a tu pareja, no la etiqueta como tal, no la respeta como lo que es ni asume en su cabeza que NO solo sois amigas, sino amantes.

Esta última forma de discriminación es la que pasa más inadvertida, y es la que más suele “disculparse” aunque nos hiera en el tiempo exactamente igual que la otra.

Y vuestra dignidad y vuestra felicidad debe estar siempre por encima de las nubes, de los prejuicios, de la comodidad que da el seguir siendo hetero de cara al mundo.

AH Y UN CONSEJO: cuando digáis que sois lesbianas, hacedlo con una sonrisa, con calma, y SIN DAR opción a réplica, como si al decirlo no esperáseis ni el aplauso ni el insulto, sino como una afirmación normal y corriente para lo cuál no pides opinión ninguna.

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3 comentarios en “El armario semi cerrado de algunas lesbianas

  1. Hola,
    Creo que comparto muchas de sus ideas de esta entrada. Otras no.
    En cuanto a los prejuicios que nosotras mismas tenemos, claramente se trata de una discriminación inversa, un mecanismo de defensa que en algunos casos usamos para protegernos del rechazo que esperamos de la sociedad. Es a lo que estamos “programadas” según cada contexto. Y esto lo entiendo. Lo entiendo desde la perspectiva latinoamericana y de otros países en donde mueren homosexuales debido a su condición o lo entiendo en países donde aún se considera delito la homosexualidad. También lo entiendo desde la perspectiva menos egocéntrica que nos hace a ver, a algunas, por nuestras familias, amigos y seres queridos. Pues creemos que debemos ayudarles a entendernos y aceptarnos –sea o no, correcto tener que ayudarles a entendernos.- Lo cierto es que sería preferible vivir dentro del clóset, o preparar el terreno de la salida del mismo, a cerrarse las puertas del todo con el suicidio.
    Por otra parte, cada cual tendrá su tiempo y su momento de hacer las cosas. Y, qué momento es el mejor? El que cada quien elija, creo.
    Lo importante, desde mi punto de vista, es no cuestionar a quienes siguen esperando ese momento. Al final y al cabo, categorizar-nos, distinguir entre “closeteras” y “las-que-están-afuera”… “cobardes” o “valientes”… es como caer en el mismo juego discriminatorio, serrucharnos nuestro mismo piso.
    Con los ojos del respeto buscar la empatía… eso me suena mejor. Por supuesto, en el proceso del “coming out”, disfrutar los disfrutable, aprender lo más posible para hacerlo con el mínimo de heridas posibles a nosotras y a quienes queremos.
    Un saludo,
    Valentina

  2. A “Valentina”:

    Estoy de acuerdo con lo que dices, cuando escribí el post intenté no juzgar, al menos mi intención no fue clasificar a las lesbianas en grupos de “valientes” ni “cobardes”, de hecho me encantaría servir de apoyo y ayuda a todas aquellas personas que no se atreven o que padecen cualquier tipo de discriminación. No obstante, más que hablar de valientes o cobardes, yo pretendía hablar sobre la importancia de naturalizar y normalizar la homosexualidad por parte de nosotras mismas, sé que supone un esfuerzo (créeme que lo sé), pero a veces me da rabia y tristeza ver a mujeres que satisfacen a quiénes nos discriminan aunque no lo pretendan (familiares, amigos/as, conocidos/as…).

    Intenté con este post hablar de la discriminación interiorizada, la discriminación “educada” o aprendida. Porque nos enseñan a discriminar desde que nacemos y se hace difícil romper con todo eso y ser una misma.

    Con este post también intenté ser cobijo de quiénes son rechazadas, si alguien no acepta con cariño y respeto tu homosexualidad, no merece la pena luchar por ello ni dejar de sacar el tema para que no se sienta violenta. Pero hay otras muchas personas que sí te ofrecerán amor y respeto.

    El caso es que aunque se trate de un mecanismo de defensa para protegernos, también debemos intentar ser felices y cualquiera sabe que si decidimos no hablar de nuestra pareja aunque todo el mundo intuya que lo es, no nos hace felices, como tampoco hace feliz a una pareja tener que soltarse de la mano en según que contextos, ni ser presentadas como la “eterna amiga de”. Y lo digo por la experiencia, esas cosas son dolorosas y aunque en principio parezcan inofensivas terminan destruyendo la autenticidad de la pareja y el autoestima, y si hablo de ello no es para etiquetar/señalar ni ofender a nadie, sino para avisarles del deterioro personal y de pareja que pueden sufrir posteriormente.

    Un abrazo y espero que sigas visitándome!!!

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