Escenitas para reflexionar


Desde que estoy en contacto con el “mundo de las niñas y los niños” he ido estudiando rigurosamente la pésima educación de nuestros queridos niños/as españoles/as. Y digo españoles, porque cuando he paseado por las calles parisinas, u holandesas o belgas o británicas (no voy a hablar de cada sitio que fui jajaja) observé cómo había salidas escolares, en las cuales los niños y niñas de apenas cinco años guardaban silencio, preguntaban por turnos, no se insultaban ni gritaban como salvajes, por clase había unos diez niños/as máximo y eran dos docentes para diez alumnos/as. También he visto niños/as extranjeros en los distintos museos a los que he ido, siempre callados por muy pequeñitos/as que fuesen, atentos a lo que sus papás le contaban sobre la pintura que tenían delante, hablando en voz bajita, sin incordiar a nadie.

Luego subes al avión que conduce de nuevo a España y los niños/as gritan, se cambian de asiento, insultan, saltan, corren pasillo arriba y abajo del avión, sus padres gritan, o se duermen sin echarles cuenta…

Tengo familiares que en vez de disfrutar de la infancia de sus hijos/as están literalmente deshechos, al borde del divorcio, apenas saben coordinar sus acciones educativas para sus hijos/as, acaban sin dirigirse la palabra y los niños acaban reinando en casa. Por contar un detalle diré que tengo a una familiar muy cercana que padece serios ataques de ansiedad, que hace meses (o años) que no habla con su marido si no es para discutir sobre sus hijas, que no sabe escuchar consejos educativos de nadie, que fuma y llora y se consume, mientras sus hijas acampan por la casa, mandan, dictan, patalean, insultan, se pegan, destrozan, exigen, reinan.

Son tantos los ejemplos que podría poner… De familiares, amigos/as, alumnos/as…

Una escena que presencié hace unos días: Un centro comercial. Una tienda de decoración cara. Entran un papá, una mamá y un niño de unos dos años. La madre mientras decide qué comprar, sin mirar al marido a la cara, le va regañando porque al parecer le había dejado al cargo del niño cinco minutos y lo había perdido brevemente. Él ni se alteraba, como si no fuese con él le respondía pasando del tema. El niño señala algo, un objeto absurdo y caro que no sirve para nada a un niño de esa edad. La madre dice: “Ahora se lo compras”. ÉL responde: “Bueno pero voy a preguntar el precio”. La madre: “Cueste lo que cueste se lo compras después de lo que le has hecho”. Él contesta: “Pero si ha sido un segundo mujer, ni se ha enterado”. El niño emite gritos, quiere ese objeto si o si. El padre accede, paga. Le dan el objeto al niño que se ha subido como un salvaje al mostrados, PERO al parecer no quiere el que le han guardado en la bolsa, quiere uno del almacén que no pueden darle. Intentan explicarle pero el niño se tira al suelo, berrea como un loco, la madre no le regaña solo dice: “ay, mi niño, mi niño, no me llores, mi nene, pobrecito, como llora”. El padre mira la escena y se ríe a carcajadas satisfecho como diciendo: “Mira mi machote como exige el tío, menudo cafre más estupendo hemos creado”.  ¿Conclusión? la gente tiene hijos/as por tener, porque después de buscarse novia/o y casarse, es lo que toca hacer. Nacen y apenas se cuestionan cómo van a educarles, no acuerdan normas, ni límites mínimos, no saben comunicarse entre ellos ni con sus hijos/as, les dan una crianza/educación sexista y como lo hacen tan rematadamente mal en general, los niños acaban arruinando todos los momentos, los padres se agotan y los apuntan a un sinfín de clases extraescolares, se sienten culpables y miman y ceden ante todo lo que el niño o la niña pida. Finalmente tenemos a niños y niñas nada autónomos, nada responsables con sus propios actos, sobreprotegidos/as, poco solidarios/as, mimados, déspotas, poco resueltos y nada resueltos/as. Y unos padres/madres que no tienen ni los principios más básicos de respeto y educación.

Ni estoy de acuerdo con aquella educación terrible que recibían los niños y las niñas de hace 40 años, en la que actuaban por temor a los castigos (de sus padres, profesores y de Dios)  y no se les permitía ser niños/as ni opinar sobre nada ni negociar con sus padres norma alguna, ni tampoco estoy para nada de acuerdo en la idea actual de que los niños/as deciden, hacen y deshacen, aprenden solo lo que a ellos les interesa (esto es el eje central de la educación infantil, crear unidades didácticas a raíz de los centros de interés de los niños/as, y claro hay miles de cosas que no son dinosaurios, ni videojuegos ni Bob Esponja que son interesantes y que aún no han podido conocer).

Antes los niños/as eran “maltratados” psicológica y físicamente por los docentes, por los curas y por sus padres. Ahora los/as maestros/as y los padres son los maltratados. Y mi pregunta es: ¿por qué no puede el ser humano ser equitativo y pacífico? La educación es la base de todo cambio y mejora social por tanto debemos construir cuidadosamente un sistema educativo eficaz, innovador y vinculado a las nuevas necesidades, partiendo de una profundísima reflexión acerca de todos los errores que perpetuamos y/o creamos en el ámbito pedagógico y del aprendizaje de otros sistemas educativos extranjeros que triunfan y crean individuos mucho más respetuosos/as y cultivados/as.

En Praga los adolescentes van a la ópera (que es muy económica), en España hacen botellones o tunean coches. En otros países los niños/as aprenden dos idiomas, devoran libros, sus mentes son más abiertas y son autónomos a la hora de decidir por sí mismos y sentirse responsables de sus actuaciones. Aquí no saben qué hizo Martin Luther King pero conocen y defienden a Belén Esteban. Algo falla. Algo está fallando irremediablemente…

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2 comentarios en “Escenitas para reflexionar

  1. Me alegra y también me sorprende que haya más personas, aparte de mí, que han observado ese fenómeno español. También he viajado bastante por el mundo y esas escenas de aquí que cuentas podrían ser anécdotas en otros países. No digo que no existan, pero yo al menos no las he presenciado. Las de aquí son de un cotidiano que desespera. Para punto de observación me vale mi propio edificio, en donde hay alrededor de 75 familias, entre ellas más de 40 con niñas y niños pequeños, de 0 a 10 años. Son los mismos niños y niñas de siempre (no les ha entrado un virus) pero con unos padres y madres extremadamente mal educados en su paternidad/maternidad. Tenemos una pequeña fuente con peces. El gusto de los críos es asomarse y gritarles para asustarlos, casi siempre hay una madre junto a ellos, que les ríe las gracias. Pobres peces y pobres quienes aborrecemos el continuo griterío que no nos deja ni descansar ni trabajar.

  2. no puedo dejar de estar de acuerdo contigo. creo que este tema del maltrato infantil y de los derechos del niño perdió el foco hace más que rato y claramente está produciendo más perjuicios que beneficios.
    sin embargo, me pregunto si esta nueva forma de “educar” a los niños y las niñas no es sólo una nueva forma de maltrato. en la infancia, necesitamos aprender que existen límites que debemos respetar, normas de convivencia que hacen la vida mejor para todos, formas de relacionarnos con el mundo y con los otros que nos hacen mejor que otras.
    creo firmemente que privar a las niñas y los niños de límites, normas de conducta y convivencia, ejemplos de respeto y buenos modales es también una forma de maltrato.
    he escuchado muchas veces padres y madres quejarse de las conductas de sus hijos/as diciendo “es que no quiere hacer esto” o “es que no le gusta lo otro”. nueva pregunta para ellos: quién es el adulto?
    me parece que a muchos padres y madres les dan miedo sus hijos… cosa que me parece bastante ridícula. cómo pueden tener miedo a alguien que mide fácilmente más de un metro menos que ellos, pesa 50 kilos menos y tiene muchas menos herramientas contra el mundo? dónde está la autoridad? -nótese que pregunto por la autoridad, no por el dominio-.

    en fin. mi humilde opinón de mujer que no es aún madre ni docente… mira que en esto de niños/as maleducados/as chile se parece mucho a españa.

    a propósito, cómo has estado?

    un abrazo!

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