Egocentrismo

Cada color, cada textura, cada emoción, cada conflicto, cada individuo, cada raíz, cada partícula, cada decisión, cada ruptura, cada acierto, cada ausencia, cada idea, cada palabra, es un elemento imprescindible que configura nuestro mundo. Todo se superpone en ligeras capas y da forma y consistencia a nuestras vidas.

Encuentro miles y millones de parejas, de personas que se unen de dos en dos, que entran en contacto y que acaban haciéndose infelices, sin motivos aparentes, sin explicaciones, sin malicia ni bondad. ¿Acaso nos han enseñado a cuestionarnos qué queremos de los demás?, ¿qué nos hace felices y qué no?. ¿Por qué me asusta observar cómo muchísimas personas terminan adaptadas al entorno, sin ser quiénes son realmente?

Hace casi tres años, comencé un camino muy complejo, el de conocerme a mí misma, el de dedicarme las horas que hiciesen falta para hacerme preguntas (y no responderlas, necesariamente). Porque hasta aquella fecha inolvidable, era yo una mujer (joven) impresionable, casi diría que maleable, que jugaba inocentemente, al juego que tocase, sin meditar si aquello era lo que YO deseaba o si simplemente, era un error. No es que fuese inmadura, ni alocada, siempre mantuve la cabeza en su sitio (y los ojos mirando al cielo), y fui sensata, razonable, aunque excesivamente apasionada. El problema fue que no tenía las herramientas necesarias para conocerme, ni el tiempo, ni el empuje. Yo sabía muchas cosas sobre mí: que me gustaba el cine, que adoraba el teatro, que me fascinaban los libros, que me gustaba llevar las uñas pintadas de rojo, que me inquietaba la mentira o la maldad ajena, que me entristecían todas las injusticias, que no albergaba en mi interior ningún tipo de prejuicio pese a educarme en escuela católica, que me ilusionaba planificar viajes a cualquier parte, que me encantaba nadar, besar, escuchar, leer, soñar, dormir, aprender, tostarme al sol, debatir sobre política, visitar museos, emocionarme, ayudar… Pero nunca había indagado más allá, hasta saber qué me hacía infeliz, cuáles eran mis prioridades. Poco a poco, fui tomando instrumentos y momentos para conocerme, más intensamente.  Y es una travesía dura, difícil, complicada, que tengo que recorrer, que tengo que asumir.

Aunque me queda mucho, muchísimo por saber, he aprendido algunas cosas. Que no me gustan las imposiciones, ni los gritos, ni ningún tipo de relación (amorosa, o fraternal, o de la clase que sea) asfixiante o tormentosa o dolorosa en las que no pueda respirar, prefiero la confianza y la lealtad que nos permiten dormir tranquilas/os. Aprendí que soy muy fuerte, muy capaz de sortear batallas, aunque no lo aparente así. Supe que quiero dedicar mi vida a un trabajo agradable que no coarte mis ideas, y aprovechar el tiempo libre para pasear con mi perro, fotografiar sin parar todo aquello que me suscite una emoción,  jugar con mi gato, leer, escribir sin parar, ir a la ópera, o al cine, o al teatro, nadar, quedarme en casa contemplando lluvia, cuidar, amar, hacer el amor, conversar, caminar sin decir nada, ver películas de cualquier punto del planeta.

He conocido numerosas facetas que no sabía que tenía.

Queda mucho que no digo aquí y que sé de mí misma. Queda mucho por seguir descubriendo.

Pero hay dos cosas que he aprendido y que son muy relevantes, a mi juicio: una es que lo que más me conmueve y gusta de un ser humano es su bondad. Y la otra cosa, es que he aprendido a cuidar mucho mejor de mí misma, gustándome lo que soy por fuera (eso siempre me gustó, la verdad) y lo que veo por dentro (esto asusta, irremediablemente, pues dentro quedan múltiples escenas tristes, decepciones, formas de reaccionar ante ellas…).

Como digo: ejercicio de introspección, siempre necesario.

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6 comentarios en “Egocentrismo

  1. muy de acuerdo contigo, el ejercicio de introspección es siempre necesario. debe ser un proceso constante, una tarea permanente, aunque no necesariamente ininterrumpida. es parte de nuestra humanidad, nuestra consciencia de nosotrxs mismxs…

    me da un poco de nostalgia leerte y pensar que por un percance geográfico no puedo sentarme por ahí a conversar un café contigo.

    un abrazote.

  2. A “Manu”: Pues sí, es una lástima que no estés más cerquita para tomarnos un café o un buen té y conversar.
    Un pena. ¡Múdate con tu chica a España!. Eres un encanto por apoyarme. Un abrazo muy fuerte.

  3. Hola,
    Me parece genial lo que escribes y es que es así: una tiene el deber de conocerse así misma, saber que le hace feliz y de este modo puede, creo, conocer más a los otros y tratar de compartir y dar felicidad. Es así.
    En mi caso, disfruto tanto cada cosa que hago y hago tanto que a veces tengo esa espantosa sensación de no hacer mucho por mí, no me dejo tiempo. Sin perjuicio de lo anterior, me parece que muy pronto tendré más tiempo para mí, buscaré ese tiempo y me lo daré. Punto. Y luego, luego tendré con quien compartir.
    Un saludo,

  4. Gracias “Simple Day”, un placer verte por aquí. Y te recomiendo que busques ese “espacio”, ese tiempo en el que conocerte a tí misma, en cuidarte y después proyectarlo a las/os demás.

  5. Una de las cosas que he comprendido últimamente es que apenas me conozco. Creía conocerme, pero resulta que la persona a la que conocía ya no soy yo. Es una sensación muy extraña, habiendo sido siempre muy “introspectiva”, creyendo haberme construido a mí misma paso a paso… Pero me parece que llegar a esa conclusión es maduro, necesario y útil.

    Me alegra ver que pasas por un proceso parecido. Qué raro, ¿no? 😛

  6. A “Encantada”: gracias por tu visita, me gusta verte por aquí. Entiendo perfectamente eso que dices, el momento en el cual eres consciente de que no te conoces en absoluto, de que has dibujado tu vida en función de patrones o estructuras que no te hacen feliz, de que sufres por elecciones tomadas desde una perspectiva que no te pertenece, es un instante crucial, doloroso por no saber cómo has podido llegar a sitios que no te hacen dichosa.

    Pero son momentos necesarios, que te abren puertas y te conducen a una vida mejor o más acorde contigo misma.

    Es extraño que vivamos procesos tan parecidos, pero consuela saberlo, que no soy la única.

    Un abrazo

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