La libertad absoluta

Ayer mi padre me contó que les había aparecido una cría de vencejo (precioso pájaro que anuncia el verano) en el salón y que no podía volar. A mí me hacía ilusión conocer al pequeñín y fui a verle acompañada de mi novia.

Le construimos una casita, le dimos agua, leche y pan migado con una jeringuilla, le acaricié, me transmitía inmensa ternura, verle tan indefenso, tan pequeño, tan inocente… Esta mañana mi madre me llamó y me dijo que muy temprano, tras tomarse el desayuno que mis padres le dieron, se puso en posición y echó a volar, y añadió que su vuelo fue seguro, decidido y perfecto.

Hoy miro al cielo de otra manera, intentando encontrar al pajarito que estará dibujando trayectorias en el aire, disfrutando de su recuperación, de su asombrosa independencia y de la libertad más dulce y absoluta.

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