Danza, en un castillo, y en una noche cualquiera de verano

Este verano tuvimos el placer de asistir a una Noche de Danza que tenía lugar en el patio de un encantador Castillo. Fue muy emocionante observar el movimiento equilibrado que trazaban los cuerpos al ritmo de melodías distintas, quedé embelesada con la elegancia y la sublime energía con la que hacía uso de la expresión corporal para describir historias…

Para más deleite, si mirabas al cielo, nos arropaba una cálida manta de estrellas, y así la música y la noche de verano se entremezclaban y nos dejaban prendadas de tanta belleza.

Siempre me entusiasmó la danza, y casi todas las manifestaciones artísticas, porque tienen el poder de emocionarnos, y porque son fuente de sensibilización y disfrute.

Pero además, en esta ocasión, hubo algo en el espectáculo que me hizo aplaudir con más ansia, y fue que en algunos fragmentos y en algunas de las historias que nos contaban, los protagonistas eran dos hombres que bailaban juntos, y lo cierto es que me agradó muchísimo que hubiesen compuesto parejas tanto heterosexuales como homosexuales para describir el amor, la ternura o la complicidad…

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