Como alguien en bicicleta


Hoy he visitado a mi psicóloga. Hacía siglos que no lo hacía. Hacía mucho que no me hacía falta. Pero mi crisis de ansiedad, provocada por no sé qué exactamente, me ha llevado a ella, de nuevo.

Mi psicóloga es una persona admirable, y resulta que también ha padecido ansiedad muchas veces. Llegué a su consulta inquieta, tuve que esperar en una salita rodeada de gente rarísima, y comencé a ponerme “nerviosilla”, últimamente cualquier cosa insignificante puede suscitarme ansiedad, y ese era uno de esos momentos. Sentí todos los síntomas y al fin me llamó. Nada más entrar le dije: “No te lo vas a creer, pero ahora mismo tengo ansiedad”. Y ella, con su mirada tranquila y dulce, no se ha alarmado, y hemos analizado juntas la ansiedad, me ha explicado el ciclo y los efectos fisiológicos por los que me asusto (mareo, taquicardia, pensamientos negativos en plan “voy a desmayarme”, “me siento mal, me va a ocurrir algo”, un poco de hiperventilación, etc). A medida que hablaba, ella, templada y cercana, pero sumamente profesional, yo sentía cómo la ansiedad iba descendiendo, y mi mente y mi cuerpo iba controlando lentamente la situación.

En un momento determinado… Me han dado ganas de llorar. Soy tímida para hacerlo delante de alguien. Pero sentía una tristeza curiosa, por verme ansiosa, y débil. No soy una mujer insegura ni débil, tampoco soy aprensiva, la verdad es que me caracterizo por ser muy optimista, alegre, sensible y sensata. Así que, verme así, tan vulnerable, dispara mis alertas y me pone un poco triste.

Al final no he llorado. Las ganas se fueron. Me hizo reír, incluso.

He aprendido muchas cosas en una hora. Me quedan otras tantas por saber. Pero sé que estoy en el camino, y que es una etapa corta, porque en el fondo, siento que crece dentro de mí una fortaleza dulce…

De este día me quedo con el paseo con mi novia y mi perro por un pequeño paraíso encontrado, un pulmón en el centro de la ciudad, cerca de casa, rodeada de árboles, pájaros, donde se desvanece el rugido turbio de los coches, la libertad que he sentido al atardecer. También me quedo con la conversación con una mamá, que me ha dicho que su hija solo le habla de mí, que quiere que yo sea su mamá, que me admira en todo, que le ruega que la deje venirse a pasear y merendar conmigo… La mamá me dio su teléfono para que si me apetece la lleve a pasear alguna vez, porque dice que están al borde del desahucio y que la pequeña solo sonríe conmigo. Qué tierna…

Me quedo con lo aprendido. Con lo disfrutado. Con esta sensación de fuerza y de optimismo. Como alguien en bicicleta en un día de lluvia. Hacia delante.

 

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2 comentarios en “Como alguien en bicicleta

  1. esa sensación de ansiedad y no sé qué mas cosas es la más horrible del mundo, yo lo sé 😦 pero cada vez estarás mejor!!! 😀 te lo aseguro, claro, yo no lo habría logrado si no hubiera tenido a la mejor amiga/novia más hermosa del mundo♥

  2. ay, cariño!
    una sola preguntilla… cuando saliste de donde la psicóloga, esa gente rarísima seguía siendo rarísima? o ya no estaban? o eran menos raros?

    😛

    la ansiedad es algo difícil de manejar, a veces, cuando no se tiene tan claro de dónde viene y por lo tanto cuesta cortarla de raíz. pero poquito a poco irá mejor, así que ánimo!

    un abrazo, Hadita!

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