El Trayecto

Hoy hemos iniciado nuestro viaje al mar, hacia un pueblecito precioso situado en una cala. Pero hemos hecho una parada en casa de mis padres. Y aquí estamos, pasando una agradable noche con mi familia.

La salida de nuestra ciudad estaba repleta de cientos de coches que desfilaban como hormigas inquietas hacia distintas direcciones, y, evidentemente, esa situación me agobiaba, el temor a que pudiésemos tener un accidente con tantísimo tráfico me inquietaba (a veces soy así de idiota). Le pedí a mi novia que llevase ella el coche, y de este modo yo me dediqué a contemplar el paisaje, qué sensación más agradable, noté cómo lentamente, el nerviosismo o el estrés de salir de viaje, iba desapareciendo, lentamente, hasta dejarme el cuerpo sosegado.

Abrazaba a nuestro gato que descansaba en una bolsa de viaje para gatitos, sobre mi regazo, le hacía cosquillas y él disfrutaba, quedándose dormido. Después miraba a nuestro perro que hacía dos cosas: o bien miraba a través de la ventana el precioso paisaje (es un romántico, como yo) o bien se extendía en el asiento trasero y se dormía con una paz infinita…

He estado pensando todo ese rato, en la belleza que nos rodea, en esa calma dulce que nos transmite el entorno natural que nos abriga… El sol besaba el horizonte, regando de luz el trayecto a seguir, dorándome la mirada, y dejándome casi adormecida, serena.

Sentí que, conforme avanzábamos, vaciaba mis bolsillos del estrés, del bullicio, de los restos de este año intenso.

 

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2 comentarios en “El Trayecto

  1. ¡¡Espero que os lo estéis pasando muy bien en las vacaciones!! Y que la ansiedad haya disminuido lo suficiente para que ya no te asustes y puedas disfrutar.

    Te contaré que yo todavía la sufro, pero ya no me preocupa lo más mínimo. A veces, dejo de sentir las manos, y lo único que pienso es: “¡Vaya! ¡Ya estamos otra vez!”. No pasa nada, viene y va, y se puede seguir viviendo con ella.

    Por cierto, tienes que contarme cómo es que os lleváis al gatito de vacaciones. Nosotras no nos atrevemos, lo dejamos siempre en casa, y nos echamos de menos mutuamente una barbaridad. Siempre hay alguien de confianza que lo cuida, claro, pero no es lo mismo… A mí me gustaría llevármelo, pero dicen que sufren cuando se los cambia de lugar… ¿Tú cómo lo ves? ¡Me gustaría saber tu opinión!

    ¡Un besazo enorme!

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