Ansiedad

Desde el ordenador de mi hermana no soy capaz de conseguir una fotografía para este post. Así que será un post pequeñito y sin imagen.

En estos días, extraños, oscuros y tristes, he aprendido una cosa, o he llegado a una conclusión relevante: mi problema no es únicamente mi nueva escuela. Mi problema es que llevo arrastrando ansiedad desde mayo o junio (cuando apareció sin avisar en forma de vértigos y angustia), ansiedad que ha ido pasando por distintos estados (ataques de pánico, agorafobia, mareos, dificultad respiratoria, miedo, sensación de que algo malo iba a suceder, miedo a conducir por carretera…), algunos síntomas desaparecieron afortunadamente, otros se hicieron más livianos y otros permanecieron intermitentemente. A veces se han dado casi a la vez y casi siempre surgen por separado. El caso es que yo siempre me he creído súper woman, siempre soy la “alegre”, la que puede con todo, la que olvida daños y perjuicios, la que sostiene a los demás, la que pone la sonrisa y la ilusión en todo, la comprensiva, la paciente… Y ha llegado un punto en el que debo admitir que no puedo con todo. La ansiedad apareció como una botella descorchada, que de repente se desborda, quizá por aguantar tanto tiempo agitación. Fue causada por el estrés y el problemilla del año pasado, pero ha nacido en mayo, y aún sigue.

Durante el verano hubo momentos y días completos en los que no aparecía, pero obviamente, no se había ido del todo. Y ahora que regresan las obligaciones, las responsabilidades, el estrés y una escuela nueva que no termina de convencerme, en la que me siento frágil y extraña, mi compañera la ansiedad ha sacudido a su antojo mi armonía, mi sonrisa, mis ganas…

Una vez reconocí el viernes, que el problema no estaba en el exterior (únicamente), sino dentro de mí, he llegado a la conclusión de que debo tener paciencia conmigo, hacer todo lo posible por estar mejor, y no presionarme a mí misma para dar siempre el 100 %, porque ese es mi mayor problema, que me entrego excesivamente y luego quedo agotada. Esta vez, no puedo ofrecer tanto a nivel laboral, pero haré hasta donde pueda.

Dice mi psicóloga que borre de mi boca la palabra débil, porque durante mucho tiempo he tratado de fingir que soy fuerte los 365 días del año, sintiéndome débil, inferior o peor por sentir a veces ansiedad, miedo o falta de energía para afrontar más dilemas. Y no soy débil, ni peor ni inferior. Soy la misma, con defectos y virtudes, con pasiones, sueños, anhelos y decepciones, pero además, con ansiedad temporal y habrá que aguantar el tipo hasta que vuelva la calma, la sonrisa, la armonía, la ilusión y las ganas de comerme el mundo a mordiscos.

Quiero agradeceros vuestro apoyo, vuestras palabras me llegan justo al sitio al que deben llegar. Mil gracias!!

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12 comentarios en “Ansiedad

  1. Hola,
    Pues ¡claro que no sos débil! Y nunca tenés que dudar de tu fortaleza pero, recordá que hasta los árboles más grandes y fuertes se enferman… aunque resistan tormentas. Y vos sos uno de esos árboles (buscá en google una imagen del árbol de Guanacaste) 😉
    Mira, hay momentos para todo, hasta para sentirse mal y hay que vivirlos todos… quisiera enviarte muchas buenas vibras, mucha luz, ánimos.
    Un abrazo,

  2. Siento mucho todo lo que estas pasando últimamente pero ya veras que pasará. Apóyate en la gente que más te quiere y saldrás adelante. No eres ni por asomo débil, nadie lo es. Y tampoco esta mal desahogarse de alguna manera y no tragarlo todo porque al cabo de un tiempo pasa factura. Ojalá te mejores pronto.
    Muchos ánimos, fuerza y cariño.
    Un beso.

  3. Yo he aprendido a dejar que me cuiden, que se preocupen por mí, que lloren con mis lágrimas… y todas las muestras de afecto, protección, cariño, amor, compartir… han hecho que sea “más fuerte”.

    ¡Déjate querer!

  4. Me siento identificada con tus palabras aunque posiblemente seamos muy diferentes (leo en tu blog que eres profesora y yo, por ejemplo, soy alumna).

    La ansiedad es una mala compañera. Cuando la tengo (con todos los síntomas desagradables que implica) siento como si me impidiera disfrutar de la vida, pues me limita en muchas cosas. Es como cuando, al estar resfriado, pierdes el sentido del olor y del sabor, que pueden parecer prescindibles (la vida sigue, aún sin ellos) pero sin ellos todo es insípido, aburrido, triste.

    Tras mucho pensar, he llegado a la misma conclusión que tú, la ansiedad es algo interno, separado de las causas exteriores en las que nos movemos. Pienso que en mi caso es una señal de cambio, pues aunque me ha hecho pasar malos momentos, también me ha hecho replantearme muchas cosas de mi vida y cambiar actitudes (entre otras muchas, y la que más me cuesta, el perfeccionismo).

    Aún estoy esforzándome por superarla, pero cuantos más pasos doy adelante, cuanto más me permito cambiar, menos ansiedad sufro, y poco a poco las sensaciones se van atenuando y olvidando.

    Así que muchísimo ánimo. Pienso que lo mejor es, como ya haces, tomarte tu tiempo personal, no exigir el 100% de nada, y sobre todo, (esto es lo que más me ayuda) disfrutar del proceso y quitarte de la cabeza el resultado. Porque lo que define a las personas no son sus hechos, sino el valor implícito en cada una de ellas, y eso es algo que no cambia pese a las circunstancias.

    Suerte en tu viaje 🙂

  5. bonita, estoy en el mismo lugar que vos… quizá mi comentario no sirva más que para que tengas la certeza de que no estás sola.
    Estos procesos vienen a decirnos que tenemos que cambiar algo muy profundo y a veces, indescifrable. Al final de la oscuridad esta, habrá algo más lindo esperándote. Hasta que encuentres el camino de regreso a la que sos, te envío un gran abrazo. ánimo y toda la luz! 🙂

    • A “Mariana”: muchas gracias por tu comentario. No vas a creerlo, pero me has emocionado. Esta hipersensibilidad que provoca que me emocione fácilmente, cuando encuentro un punto de conexión o similitud con alguien que vive lo mismo que yo. De igual forma te digo, que sepas que no estás sola en esto, que eres tu, soy yo, y muchas otras personas, las que tenemos que atravesar este tipo de etapas para volver a sernos, a vivirnos, a reconocernos. Un abrazo y gracias!!

  6. Por mi experiencia sé que la ansiedad forma parte de nuestra inteligencia emocional, y si no se va, paradójicamente, es porque la necesitamos. Debe estar ahi para que no nos creamos que todo va bien cuando es mentira y aún tenemos que cambiar de actitud.

    En mi caso, por ejemplo, he tenido que aprender a gestionar mi compromiso con el trabajo. Todavía me cuesta decir que no a los proyectos que me proponen, pero sé que solo me puedo dedicar a unas pocas cosas si no quiero que vuelva la ansiedad. Si lo hago así, no viene; si no lo hago así, ahí está. Ahora sé que, cuando la siento, es porque estoy haciendo algo mal. Así que puedo decir que he hecho las paces con ella, y que le agradezco que me avise de cuándo me estoy pasando.

    Es solo un ejemplo, y bastante sencillo. Hay otros aspectos en mi vida que no son tan fáciles de manejar.

    Por lo que cuentas en tu entrada, parece que tu ansiedad también quiere decirte algo. Muchas cosas, en realidad. Yo te recomendaría que la escuchases y le hicieras caso. Tal vez, cuando dejes de luchar contra ella y comprendas que, aunque parezca imposible, está de tu lado, consigas que tu malestar mejore y ya no necesites la ansiedad.

    (Uf, menudo momento sermón, pero es que, después de todo lo que he pasado, lo veo claro y me gustaría ayudarte en este sentido :))

    ¡Un abrazo fuerte!

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