A través

Ayer estaba yo sentada en el interior de un local, junto a un ventanal grande por el que miraba a la gente.

Miraba sin analizar nada, inmersa, perdida, en quién sabe qué pensamientos.

Y de repente me llama la atención una escena: contemplo a una señora mayor, que vendría caminando desde muy lejos, por su aspecto, desde un barrio desfavorecido. Sus zapatillas rotas. El gesto serio. A pasos muy cortos. Llevaba a un perrito, de expresión igualmente desamparada. Y me estremeció comprobar cómo el perrito, pese a sus ganas de andar ligero o correr, acomodaba su paso a los pasitos lentos y cortos de la anciana. Y ambos intercambiaban una mirada fugaz, de tristeza, cómplices de quién sabe qué escenarios, amarguras y miserias.

Es admirable la inocencia de los animales, cómo se adaptan, y entienden muchas cosas, como nos llenan de amor por encima de cualquier tipo de circunstancia, como se llenan de alegría al verte sea cual sea su día, y nos enseñan a ser mejores en todos los terrenos.

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Un comentario en “A través

  1. Mi abuelo tiene un perro precioso que lo saca de paseo. Lleva a mi abuelo por todo el pueblo: si ve que se encuentra con fuerzas, hacen un camino largo; sino, la versión corta. Además, sabe pararse cada poco y tumbarse tranquilamente mientras mi abuelo recupera el aliento. Si fuera por el perro, correría como un loco por el campo, pero ha comprendido que su labor es acompañar a mi abuelo, y lo hace mejor que cualquier persona.

    No sé qué haríamos sin los animales…

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