Las historias dormidas

 

Cuando iba al colegio, y tenía unos quince o dieciséis años, mis amigas y yo nos escribíamos cartas, constantemente, aunque estuviésemos tres pupitres a la izquierda, aunque si  estirábamos el brazo podíamos rozarnos.

El ritual de las cartas era siempre el mismo, en ellas comenzábamos con dulces palabras, para ir abriéndonos como flores recién nacidas, relatando nuestras inquietudes, miedos, anhelos y experiencias más íntimas, que daban paso a una despedida hermosa, romántica. Luego, en los recreos, las salidas y el contacto “corriente”, solo bromeábamos, u ofrecíamos absurdas opiniones acerca de todo y de nada, de ropa, de chicos, de algún libro, usábamos un lenguaje hablado mucho menos elaborado, menos hermoso, y un contenido banal. En cambio, en nuestras cartas, quedábamos desnudas, desamparadas, y confesábamos todo aquello interesante, profundo y complejo que nos apasionaba o atormentaba.

Aquellas cartas, sinceras, largas, necesarias, nos unían irremediablemente, suponían un punto de conexión tan intenso que nuestras relaciones con el sexo opuesto (los chicos) se nos quedaban cortas, simples, aburridas.

Las monjas nos prohibían hablar en clase, y debíamos fingir una atención constante, pero yo me perdía en aquellas palabras encadenadas, mágicas, que me llevaban a conocerme mucho más de lo que cabía esperar, y que me permitieron conocer a diferentes tipos de mujeres adolescentes, teniendo todas algo en común: la necesidad de las palabras.

Ahora que me considero amante absoluta de la escritura (y de la lectura), debo reconocer que el único camino que me conduce a la felicidad es dedicarme a escribir, y es una lástima que no podamos vivir de lo que soñamos hacer. Porque mi trabajo, tan real, me aleja completamente del mundo imaginado, de ficción. Mi trabajo, el estrés/la tensión que me produce, la ansiedad que me provoca, me impide totalmente, volcarme en mi verdadera vocación.

A veces sueño con una vida parecida pero distinta. Rodeada de las mismas personas y animales, pero entregada en alma y tiempo a escribir, mucho, muchísimo, levantarme y hacerlo, sin más, porque tener tanto por decir y silenciarlo, es doloroso, no sé.

Tengo las historias dormidas en la garganta. Quiero una casa desde la que pueda mirar el mar, o el cielo, no sé, pero nada de edificios y coches y ruido. Quiero un lugar para escribir. Quiero vivir de ello (y sé que es imposible). Quiero mirar MENOS o nada el reloj, tener tiempo y fuerzas para inventar historias, para hacer cupcakes, para escuchar ópera, para ver cine, para dormir con la tranquilidad de un niño, para salir con mi cámara y hacer cientos de fotos, para sentarme en invierno o en verano (en las estaciones intermedias) en la orilla con un buen libro en las manos, para hacer footing y llegar sedienta y sonrojada a casa… No sé. No sé. Pero hay algo que me falta, tengo un hueco aquí en el pecho, por colmar, por completarse, por llenarse de palabras.

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21 comentarios en “Las historias dormidas

  1. Gianna Nannini dice: “Solo i sogni sono veri” y qué gran verdad. Porque tus sueños son tu realidad y no la vida que estás llevando. A todas nos pasa.
    Pero recordá algo, Mario Puzzo escribía en la mesa del comedor, con varios chicos corriendo a su alrededor. Isabel Allende lo hacía de noche, en la cocina de su casa. Pablo Neruda escribió más poemas en servilletas que en papel.
    A veces creemos que necesitamos de un ambiente especial, de un lugar adecuado para sentarnos a escribir y no es así. Hacete un poquito de tiempo, nada más, y vas a ver que vas a poder soltar todo lo que tenés atragantado. Porque, estoy segura, va a valer la pena.
    ¡Un abrazo! Y un “dale, animate” desde este lado del mundo! 🙂

    • A “Verónica”: es cierto, cualquier momento es adecuado para escribir, si la inspiración aparece. Muchísimas gracias por tu comentario y por tu agradable visita!! Un abrazo

    • A “Mariana”: gracias, muchas gracias por tu abrazo de estrellas!! Y así lo espero, que esos huecos vayan llenándose siempre que pueda. Un beso guapa!

  2. Ese hueco lo estás llenando ahora, mientras cuentas,mientras haces lo que más te gusta. Me recordastes a mi adolescencia, las amigas nos escribíamos, ¡¡qué atrevidas¡¡novelas cortas con muchos dialogos y un final feliz de las cuatro….
    En fin, la necesidad de palabras es real y sólo se llena leyendo o escribiendo y como Verónica, cualquier lugar o momento puede ser el idóneo, basta con que lo quieras y lo creas.
    un beso

    • A “Ico”: me gusta verte por mi blog! Y sí, los pequeños momentos, aunque aparezcan desordenados, son perfectos para ir haciendo lo que realmente me llena. Un beso!!

  3. Me parece precioso lo que cuentas de las cartas. Ahora eso queda sustituido por el blog y las relaciones reales que puedes establecer a partir de él, no?

    En cuanto a lo que quieres…a todxs nos falta tiempo para hacer las cosas que nos devuelven a nuestra esencia de ser. Yo me doy minidosis de este tipo de cosas para calmar la ansiedad y a la vez no desgastarme demasiado. ¿Has probado con esa táctica?

    Besos
    chris

    • “A Chris”: Yo también batallo por ofrecerme, en medida de lo posible, esas minidosis que nos devuelven el reflejo de lo que somos. Un abrazo!!! Me gusta verte por aquí!

  4. Escribes de una forma muy especial , y todas las historias que tienes en la garganta van a ser leidas de cualquier forma, hay muchas personas que buscamos tus palabras, yo creo que ya tienes un trozo de esa ventana mirando al mar…

  5. Mmmh. Yo siempre he soñado con tener todo el tiempo del mundo para escribir y entregarme a otros placeres del espíritu como la música, la lectura o incluso el deporte… Paradójicamente, cuando llega el verano y al fin me veo libre del las ataduras (por así llamarlas) de la vida universitaria, la inspiración me abandona y entonces el vacío que antes sentía debido al estrés se transforma en un vacío que nace del aburrimiento, del hastío, y que es aún más profundo…. El vacío de no saber exactamente a donde me dirijo, pues, por mucho que desee lo contrario, sin obligaciones “reales” la apatía siempre me devora.

    Paradójico, ¿no?

    • A “Shikaru”: pues sí, es cierto que a veces, cuando tenemos vacaciones, la inspiración se evapora, quizá por la necesidad de hacer muchas cosas que no pudiste antes (nadar, playa, viajes…), o quizá como dices, por el aburrimiento del que hablas. No obstante, a veces me permito soñar con la vida de los/as escritores/as, cuyo horario laboral no entiende de relojes, sino de inspiración, que aparece cuando menos lo esperas… Un abrazo, bonita, un placer verte por aquí!!

  6. como dice mariana, (que sabe mucho de estas cosas, sobre todo de deseos de mar y orilla) ya se llenará ese hueco. y como dice spinoza, hay que potencias las pasiones alegres, buscando(nos) y probando(nos). si las palabras, decirlas, escribirlas, cantarlas, te constituyen, encontrarán un cauce. y no es imposible “vivir de ello”, de hecho ya lo estás haciendo, escribir aqui no te hace la vida un poco más feliz? es un espacio tan real como las cartas que escribias y recibías de adolescente, me parece a mi. abrazos desde el sur del sur.

    • A “Cris”: me gusta muchísimo que me escribas comentarios, admiro y disfruto tu modo de plasmar aquí tus impresiones. Muchas gracias. Un beso muy fuerte, guapa!

  7. Creo que el tipo de vida que tú planteas es absolutamente legítimo y debería ser posible, pues responde a una necesidad íntima y esencial; creo, de hecho, que sí puede ser posible y sin que te toque la lotería, si la sociedad estuviera organizada de otra forma. En este sentido, te recomiendo encarecidamente que veas (si no lo conoces) un documental que se llama “Proyecto Venus” (lo puedes encontrar en youtube subtitulado). Es grandioso. ¡Un besazo!

    • A “Anedum”: muchísimas gracias bonita. Veré el documental. Estoy absolutamente de acuerdo contigo. Socialmente hemos establecido la vida de una forma muy poco inteligente, pues conozco a poquísimas personas (¿conozco a alguna realmente?) que puedan vivir de lo que les hace felices. Lo que abunda es todo lo contrario: personas sin tiempo para nada y con horarios repletos de obligaciones tediosas, personas con problemas de ansiedad, de estrés, personas aburridas, personas con conductas depresivas, personas que quieren hacer muchas cosas pero pierden la fuerza haciendo otras que no desean. Así que totalmente de acuerdo contigo. Un besito!

  8. Ya te lo han dicho, pero creo que el secreto está en regalarse a una misma pequeñas dosis de esos placeres que anhelamos, intercalados entre los días de rutina y pesadez para hacerlo todo más llevadero, sentirnos realizadas y provocarnos una sonrisa que nos dure hasta el próximo momento especial… 🙂

  9. Ay, qué recuerdo tan bonito, las cartas de la adolescencia…

    A mí también me encantaría poder tener una vida tranquila y libre, llena de inspiración, de momentos dedicados a la lectura y a la escritura, y a otros placeres sencillos como el de no mirar el reloj…

    Me pregunto si un poco de eso no será posible. Sé que sí, pero también sé que un poco… ¡es tan poco! Qué al final resulta casi más frustrante… :S

  10. esta vida no es fácil llevarla, pero si es un placer vivir-la, cuando se encuentran tantos sentimientos se tiene la dicha de tocar o acercarse un poco al cielo, sin ser gracias a la muerte, sino sentimientos que afloran tu piel y deseos que se vuelven puros de necesidad y placer, una vida que lastimosamente aun se vive entre 4 paredes, entre una oscuridad, pero un deseo que muchos intentan ocultar siendo ya una realidad

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