De momentos surrealistas y otras banalidades

Captura de pantalla 2013-05-30 a la(s) 21.30.53

 

Hoy ha sido un día de fiesta, y no he tenido que ir a trabajar.

Un poquito de parque. Un rato en el cine (He visto Ali, y me ha gustado). Ayer tarde de té y pastel de zanahoria y canela, además de algunas compras. Me he sentido muy bien.

Llevo días intentado escribir algo por aquí, pero cada vez que empiezo me quedo sin palabras a la mitad. Debo tener las ideas dormidas por el sol, aunque mucho calor no hace todavía.

Pero voy a escribir sobre cosas absurdas que me suceden, al parecer solo a mí:

-Siempre que llega un reparto (paquetes de compras hechas por internet o lo que sea que implique que un tipo gigante aparezca en mi puerta a deshoras) estoy ligera de ropa, así que abro generalmente casi en bragas.

-Cuando aparco al aire libre, no sé cómo siempre aparece un hombre aparcacoches que se dedica a darme instrucciones a toda voz aunque mi ventanilla esté bajada, y en ese momento comienzo a ponerme nerviosa y torpe en mis maniobras, pensando en si llevo dinero suelto para pagarle o no, y en el caso de llevar, se me caen las monedas del bolso.

-Cuando alguien adulto en la escuela trata de tener una conversación seria conmigo, sobre educación, política o cualquier otro tema en el patio, algún niño o niña me levanta la falda para llamar la atención, y se tapa la cabeza con mi falda o vestido, son momentos embarazosos y ridículos, y comienzo a batallar contra el pequeño/a, tratando de alejarle, de decirle que me deje en paz con dulzura mientras trato de seguir manteniendo la atención sobre el adulto que me habla sin parar.

-Mi novia se niega a comprar bolsas en los supermercados. Es algo que no soporta, incluso lo va murmurando en la cola antes de colocar los productos en la cinta. Así que yo amablemente declino el ofrecimiento de las cajeras/os, y ahí nos veis cargando como salvajes toda la compra, en los brazos, hasta el coche que generalmente está aparcado muy muy lejos.

-Si por alguna casualidad del destino, me cruzo con locos por la calle, cuento con un imán especial para este tipo de personajes: cuando saco al perro por las mañanas con cara de dormida hay distintos especímenes masculinos que me lanzan piropos o me guiñan el ojo como un tonto subido a una bici que reparte periódicos y que casi me ha atropellado varias veces, o como un señor con chaqueta y maletín que me contempla como si yo flotase… PERO además de esto, el curso pasado se me declaró un gay reconocido y borracho, en plena mañana (yo a medio dormir), que se paró en la acera y empezó a decir que yo era muy guapa, así de pie, frente a mí y a gritos, por si yo fuese sorda. Pero por si fuese poco, hace unas semanas llevaba yo en mis manos una empanada envuelta para compartir con unos amigos, y se me viene corriendo un tarado aparentemente normal, y con media lengua me suplica que le de un trozo de lo que lleve ahí. Me quedé con cara de ¿qué dices, tío?. Ayer una señora perdió el equilibrio en las escaleras de una zapatería y no tuvo otra idea que la de sujetarse en mi pelo para no caer, fue una bonita y dolorosa escena en la que no supe cómo reaccionar. Cuando percibo a un loco, o acosador, o persona “extraña” en mi camino, trato de evitarla porque por algún motivo que no alcanzo a comprender, les atraigo.

En fin, estas son algunas cosillas sin importancia que me suceden, curiosas, absurdas… Bueno, y un pretexto para invitaros a sonreír, que es primavera.

Anuncios

Un comentario en “De momentos surrealistas y otras banalidades

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s