Gafas de sol

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Cuando me voy de vacaciones necesito llevarme conmigo algunas cosas. La literatura, el cine y la música son imprescindibles. También suelo llevar mi portátil para escribir relatos, necesito escribir cuando estoy relajada y feliz.

Nosotras en verano viajamos alegremente además, acompañadas del perro y del gato, que se adaptan de maravilla al coche y al lugar al que vayamos. Mi perrito disfruta de nuestros paseos por la playa, me encanta llevarlo a una cala al atardecer y verle corretear como loco, y contemplar cómo trata de jugar con algas en la boca con el gesto de asco. Mi gato no puede bajar a la playa, pero siempre elegimos apartamentos seguros para él , con vistas bonitas para que se entretenga admirando el paisaje.

Este año no sé qué libros llevarme, intento encontrarlos para el Ipad, con esto evito sobrecargar el equipaje, pero últimamente no encuentro nada que me suscite interés.

Intentaré seguir conectada al blog, porque me encanta leer vuestros comentarios y vuestros blogs!

PD: la imagen pertenece a la película Moonrise Kingdon, la cual me resultó hace unos meses muy original pero muy lenta para mi gusto.

 

 

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5 comentarios en “Gafas de sol

  1. Al leer este post, me ha venido a la memoria aquellos días de verano en Campello cuando era niño. Mi madre una mujer, que aun siendo delgada y aparentando poca cosa, tenía un empuje y un carácter tremendos, no sólo tiraba de nosotros sino también de todos los niñ@s de l@s demás. Ir a la playa se convertía en un ritual. Todos los días veía como mi madre preparaba un bolso que sólo lo tenía para ir a la playa. La crema hidratante, la crema solar, que debía estar hecha en la farmacia y que tenía un olor maravillosamente peculiar, el líquido rosa, para las picaduras, de las avispas, (por si acaso) El aceite solar con otro maravilloso olor singular y que era una delícia ponérselo. La nevera con todas las botellas de agua, sus refrescos y el hielo… Así una vez que había llenado su bolso, todo eran risas, todo eran saltos, todo era alegría y algarabía. Cogíamos los flotadores, la sombrilla y las toallas y calle abajó nos dirigíamos con un alborotado entusiasmo hacía el mar. Cuando acababa la calle, bajábamos por un sendero que había en pinar que teníamos que atravesar hasta llegar a la carretera. ¡Coche! Gritábamos tod@s los niñ@s. ¡Coche! Mi madre nos había enseñado bien a que cuando viéramos un coche no podíamos pasar. Al igual que también nos había enseñado a no separarnos de ella jamás.. La escena era como la de una gallina, con sus polluelos. Así y cuando mi madre se cercioraba muy bien de que no venía ningún coche, cruzábamos la playa y sin separarnos ni un segundo de ella, hasta que no llegábamos al sitio que ella decía, que era el elegido para poner la sombrilla. Y era cuando una vez que mi madre ponía la sombrilla y extendía su toall, empezaba a darnos las crema de farmacia y con los flotadores íbamos corriendo hacia el mar. Recuerdo que yo siempre me decía que esa vez le iba a ganar al mar, me ponía el flotador y sujetándomelo bien esperaba a que viniera la ola y no se como yo salía hacía un lado y el flotador hacía otro. Y otra vez vuelta a empezar, a intentar ganarle al mar. Cuando se acercaba la hora de comer, había que subir por el sendero del pinar y la cuesta de la calle, que había que ver lo que costaba subir, pero lo que más costaba, era mi madre quitándonos el alquitrán frotando con un algodón impregnado en aceite de oliva y luego tenerse que bañar en el barreño que ponía mi en el jardín, yo me negaba y me rebelaba. Salía corriendo y me escondía o debajo de la cama de ella o en el armario de su habitación. Eso entre semana, ya que los fines de semana venía mi padre, puesto que durante el verano mi padre vivía con el abuelo y la abuela. Con mi madre a veces, tenía escapatoria, con mi padre no. Sin embargo nos llevaba a San Juan, que la playa tenía arena en vez de piedra, nos llevaba al cine de verano, con sillas de madera y en el que al mismo tiempo se podía ver la película y el cielo estrellado. Cuando salíamos del cine íbamos a tomar un helado, una limonada o una horchata. Que maravillosos y entrañables recuerdos de mi veraniega infancia, me han venido a la memoria, tu bello post.

    • A “Nacho”: me han encantado tus palabras, describes tu verano infantil de un modo muy bonito. Gracias por dejarme comentarios tan agradables siempre. Un abrazo bien fuerte!

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