Dudas, preguntas, ¿alguna respuesta?

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Voy a contar un secreto. O una confesión. A lo mejor al final se queda en un puñado de preguntas sin respuestas, o en una amalgama de dudas y pensamientos.

Cada vez que empiezo en un colegio nuevo (excepto el año que gané la plaza, que estaba así como de “subidón” permanente) siento la misma sensación, es la misma que sentí cuando estaba sentada en un banco la primera vez que me presenté a oposiciones, es la misma que sentí cuando pisé los colegios siendo interina, es la misma que siento cuando sé que un grupo de humanos menores y frágiles quedan bajo mi responsabilidad, en grandes ratios, con padres incluidos.

¿Cuál es la sensación? de angustia. En primer lugar la inquietud precede a las ganas de echar a correr. ¿Y por qué corres? -me podría preguntar cualquiera.

Correr porque siento de nuevo una presión sobre mi cabeza, sobre el pecho. Presión que sentía cuando iba al colegio de monjas y se esperaba de mí lo mejor, presión cuando tuve que elegir carrera y cuando cambié de carrera eligiendo otra rápidamente, presión cuando opté por opositar dadas las pocas posibilidades de sobrevivir en España con un medio sueldo digno. Siempre es la misma sensación, la de “haces lo que es correcto, lo que se espera de tí”, entonces ¿por qué me siento obligada, agobiada?. ¿Y si me equivoqué y simplemente no sé vivir bajo la presión social/escolar/paternal?

Después me adapto a todo, con el tiempo. Con bastante tiempo.

A veces es que quiero una vida que no existe, vivir con menos cosas pero vivir de lo que me guste, implicarme en un trabajo con mi pareja, compartir, ser compañeras en lo emocional y en lo laboral, compartir el trabajo con personas que yo elija, para hacernos la vida fácil, para que no cueste tanto la constante readaptación… A veces la miro y digo: ¿por qué no montamos algo?, pero en España no hay recursos para las idealistas, ¿por qué no nos vamos a la casa del pueblecito y hacemos un huerto?, ¿por qué no…?

A veces tengo miedo de que pase el tiempo y yo siempre viva la profesión con angustia, y llegar a los 50 años sin haberme entregado a otras cosas, y tener ansiedad todos los años. A veces tengo miedo de que me juzguen y me digan: ¿estás loca? ¿tienes una plaza y quieres otra cosa?.  De todos modos no creo que vaya a cambiar todo lo que desearía cambiar, la vida no me daría el lujo de desandar para hacer las cosas de otro modo.

Pero hoy siento lo de siempre. Ganas de correr, no sé hacia donde.

No quiero que esto se malinterprete, valoro lo que tengo. Pero yo he nacido para vivir menos estresada. A veces miro a mi padre, es médico. Lo miro en silencio, él dice que aunque ama su trabajo en sí mismo (es un gran profesional, honesto, entregado, bueno), desearía haber hecho otra cosa, menos comprometida con las personas, para vivir con menos presión, ahora, dice, no puede cambiarlo, y ha aprendido a vivir con estrés. ¿Quiero yo lo mismo? porque al parecer el estrés que te provoca “algo” no se va con el tiempo, te adaptas a sufrirlo, pero no desaparece. En caso de que yo no quisiera esto, ¿qué se hace? porque la vida no es el teclado de un ordenador, no tiene tecla de suprimir o borrar…

 

 

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7 comentarios en “Dudas, preguntas, ¿alguna respuesta?

  1. Cualquier cambio es motivo de angustia y desesperación. Más cuando nos habíamos acostumbrado y adaptado a lo de antes. Hay personas que se adaptan rápido, otras menos y otras nada. Esto último no es bueno, es mejor adaptarse, aunque sea lento que no hacerlo, sin embargo la única forma de aprender a adaptarse a dichos cambios es en los cambios.

  2. mi trabajo no tiene responsabilidad pero aún así me estresa. Yo creo que es algo inherente a la actitud de algunas personas. Cuando sentimos que debemos dar el 100% y nos responsabilizamos mucho por lo que hacemos, cuando sabemos que de nuestro trabajo se derivan determinadas consecuencias… Por mi parte… sería incapaz de cuidar un huerto o algo similar… me moriría de aburrimiento.

  3. ¡Qué difíciles son siempre los comienzos de curso! Te entiendo muy bien, y más este año que yo también cambio de centro… ¡glup!

    No sé, yo creo que el trabajo provoca mucho estrés, pero nosotras también lo acrecentamos. Me parece muy difícil ser una profe “zen”, pero tampoco creo que sea imposible reducir el malestar e incluso disfrutar de estos momentos… ¡aunque a mí todavía no me sale! 😀

    De todas formas, la idea de irse a una casa en el campo ronda mi cabeza un día sí y otro también, jajaja.

    ¡Mucho ánimo!

  4. Ninguna persona o poder en el resto del mundo se puede comparar con el poder que tienes dentro de ti. Búscalo dentro de ti, ya que sólo tu conoces el camino perfecto hacia ti misma.

  5. Yo llevo 21 años sintiéndome angustiada cada vez que me enfrento a mis 100 alumnos nuevos. Yo también me acabo adaptando. No he tenido ningún problema importante, más bien alumnos cariñosos y agradecidos. También pienso en atreverme a hacer otra cosa que me libre de la angustia, de la ansiedad y de un carga enorme de trabajo invisible. Tampoco me imagino así toda mi vida laboral. Pero creo que no tendré valor para cambiarla. Me ha reconfortado extrañamente leerte.
    Gracias

  6. Soy nueva por aquí, y en un rato llevo varías hojas de tu blog deboradas. Me da la sensación que estoy leyendome a mi misma. O estoy leyéndote a ti como si te conociese de toda la vida.
    Siento la intromisión en esta entrada, tenía ganas de escribirte algo:

    ¿Quién te dice que vas a ser juzgada? Tienes lo que tienes porque lo has luchado, te sacaste una oposición porque era lo que querías, y ahora ya no lo tienes tan claro ¿y qué? no pasa nada. Tu vida esta para vivirla.
    Mi padre también es médico. Durante unos años ejerció de médico de cabecera en distintos centros médicos hasta que un día se dijo a sí mismo: “¿qué estoy haciendo conmigo mismo? “. Y es que, realmente, no lo estaba disfrutando. Diferentes cosas le hicieron ver que no es lo que quería. Demasiada responsabilidad. Demasiado consumo propio. Y con el respaldo de mi madre, y dos hijas a cuestas, decidió que debía cambiar. Sigue siendo médico, pero de otro tipo.

    Te animo a que no te desanimes, a que pruebes, experimentes y decidas. Que hagas balance a tu manera. Los tuyos estarán de tu lado, aunque te vuelvas loca.

    PD: cuando era pequeña los maestros me hacían la típica pregunta de “¿a qué se dedica tu papá?”, a lo que contestaba “él es médico”, y ellos, muy emocionados, poco menos que gritaban, “ahh cura a personas”, y yo, sin entenderles bien, les decía más contenta, “no, no, él es médico pero no ve a personas, él es médico de papeles” (por aquel entonces no sabía explicar que hacía un médico trabajando en salud pública).

    Saludos.
    muaks y miaus.

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