La mala (malísima) educación

Hoy estoy agotada.

He pasado una mañana con un grupo de niños y niñas (mi clase) a los que les cuesta asumir unas mínimas normas de convivencia (hablar bajito, respetar turno, no pelearse por ser el primero ni por juguetes, cuidar el material del aula, desayunar con cierta autonomía, no gritar…). Para hacer cualquier cosa, como contar un cuento, o proponer una actividad divertida, debo pasarme unos quince minutos pidiendo silencio o que se sienten para escucharme. Por si fuese poco, una de mis alumnas ha decidido llorar sin parar, porque no estaba de acuerdo con nada, ni con jugar a lo que más le gusta, ni con desayunar fruta, ni con sentarse, ni con divertirse en el patio, hoy todo le parecía mal, y se ha dedicado a llorar sin cesar.

Así que entre gritos, niños/as desacostumbrados a la tranquilidad o a las normas más básicas de la escuela, he vuelto a casa con un fuerte dolor de cabeza.

De vuelta a casa, en el autobús, dos niños iban con sus padres, molestando, gritaban, el de ocho años, escupía al otro, se zarandeaban, se reían a toda voz, lanzaban patadas sin pedir disculpas a los demás, la madre les reía las gracias, les besaba premiando sus conductas. De pronto al de ocho años le dió por gritar que quería otro asiento, como un salvaje, y la madre lo cogió en brazos y lo llevó a otro asiento, arrullándolo.

Pero tampoco he conseguido dormir siesta, nada, ni quince minutos, porque mis vecinos de arriba que son súper guays y no regañan a su hijo de dos años por nada para que “no se frustre el chiquillo”, han decidido que si el niño se pasa desde las tres y media de la tarde hasta las seis sin parar de gritar, arrastrando muebles, arrojando objetos, deben permitírselo, aunque las que vivimos abajo, no tengamos ni una tregua de descanso. Esto lo hace cada siesta, y cada sábado y domingo a partir de las ocho de la mañana, porque ante todo, lo importante es que el niño sea libre y feliz, y ya nos fastidiamos el resto.

Por otra parte, quería señalar, que algunos familiares y conocidos, están desbordados con sus hijos/as, porque no saben ponerles límites, les da pena o miedo decirles no, los consienten, los sobreprotegen, y terminan dominados por su prole. Dejan de dormir, de leer, de charlar con amigos/as y con sus parejas, dejan de tener ganas de hacer cosas, para dedicarse a cumplir todos los caprichos de sus hijos/as. Algunos incluso se divorcian, porque no llegan a un acuerdo sobre si premiarles la pésima conducta o mirar hacia otra parte y consentirles. Algunos de esos niños, levantan la mano, insultan a su propia madre, se tiran al suelo y no paran hasta conseguir lo que desean.

En el colegio, mis compañeras temen regañar, porque dicen que los padres se ofenden, que reñir a un menor supone una frustración y un golpe contra su autoestima, que los niños/as tienen que hacer lo que les venga en gana (aunque tengamos 28 por aula).

¿Nos hemos vuelto locos/as o qué? A mí me encantan los niños/as, siempre trato de comprender sus problemas, de valorarles, de evitarles en medida de lo posible que se sientan mal, de proponer actividades y fórmulas que garanticen su felicidad en las aulas, pero también hay que decir no, también necesitan normas, límites. Y por supuesto, también deben comenzar a superar frustraciones, porque en la vida no será siempre “si”, no será todo como se les antoja, y tienen que aprenden a manejarlo.

Yo recuerdo que mi hermana y yo hemos sido las niñas más felices del mundo, mis padres son buenos, dulces, comprensivos, flexibles, dialogantes. Pero nosotras no hemos molestado durante siestas u horas de descanso a nadie, no hemos tenido rabietas en plena calle, no hemos desafiado las normas intrínsecas a nuestra casa o nuestra escuela, no hemos vuelto locos a los profesores/as…

¿Qué ha cambiado? ¿Por qué ahora los niños/as viven en esta absurda burbuja sobreprotegidos, mimados, idiotizados? ¿Por qué los padres/madres los convierten en pequeños déspotas insoportables?

¿Tan difícil es hacer las cosas bien?

Es curioso porque todos los ejemplos de niños/as que he puesto, pertenecen a familias de nivel sociocultural medio y medio alto, quiero decir, que sus padres tienen acceso a diferentes herramientas educativas para hacerlo bien.

Supongo que cada cuál lo hace lo mejor que sabe, pero es extraño que socialmente hayamos involucionado en cuanto a este tema. Que antes los niños/as respetasen (y no hablo de hace mil años cuando temían al maestro, sino de hace 10 o 15 años) a sus docentes, y ahora ellos decidan todo, arropados por la sociedad y por sus padres, aunque esto les perjudique y nos perjudique.

 

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5 comentarios en “La mala (malísima) educación

  1. Que agrado leerte, aunque has mantenido un tono un poco pesimista,no has dejado de escribir.
    Escribi en mi blog una respuesta que no copie aqui ,donde en un dia malo tuyo,te decía que eres muy sensible y eso te hace muy especial, tomas tu trabajo y la vida con responsabilidad y te haces cargo de tus decisiones, de tus responsabilidades, de tus niños.
    Hoy al leerte ,lo reafirmo, ni tu estas loca ni nada de eso, es un tema general de no tomarse las cosas en serio, todo superficial, todo con miedo a tener que hacerme cargo, pasa en tu pais en el mio, en la salud, en la educación , en casa, en las relaciones, temor a tener que hacerme responsable de lo que digo y hago y a ser consecuente con ello.
    A ti siento que eso te duele porque lo haces ,incluso en la vida asumiendote como eres,maravillosamente, por eso te pesa tanto que en general pocas personas lo hagan también.
    Es el camino correcto, en la vida, en el amor, con los hijos, has tomado la senda correcta, siéntete tranquila, hazlo bien y disfrútalo, sólo por que está bien, confía en ti, no te cuestiones.
    Un abrazo muy grande, desde muy lejos.

  2. La Educación Cívica y Social es la disciplina que se propone transmitir los valores éticos, cívicos, patrióticos y nacionalistas del hombre, dentro de un contexto histórico – social orientado a la formación integral del ciudadano para una mejor convivencia en el seno de la familia, y la sociedad entera.

    Los contenidos de la Educación Cívica y Social están relacionados con los deberes y derechos de la persona humana, los valores morales y sociales, como la veracidad, la sinceridad la autenticidad, la responsabilidad, la solidaridad, el bien, la justicia, la honradez, al iniciativa, la constancia, la lealtad, la humildad, la tolerancia, la gratitud, la prudencia, la cortesía, etc.

    La Educación Cívica como una disciplina del conocimiento se ubica dentro del ámbito de las ciencias sociales. Por su categoría de disciplina su contenido ha ido variando sustancialmente a través de la historia. Así tenemos que empieza con la formación del ciudadano en el campo atlético y guerrero, en la Esparta de Licurgo y Solón, hasta llegar a la actualidad, donde su preocupación es la de lograr la formación integral del ciudadano para la práctica de los deberes y derechos en la sociedad.

  3. Ay, cómo me recuerda todo esto a cierta conversación que tuvimos este verano… 😀

    Creo que lo mejor que podrías hacer por esos niños es ponerles normas. Al menos, que una persona en su vida lo haga. El resto (consentirlos hasta tiranizarlos, impedirles asumir con normalidad las conductas socialmente apropiadas, acabar hasta las narices de ellos cuando ni siquiera han llegado a la adolescencia…) debería considerarse una forma moderna de maltrato infantil.

    Yo estoy trabajando las normas muy intensamente este curso, porque mis alumnos son muy diversos, y estamos todos tan contentos. Ellos, deseando cumplir todo lo que les digo para conseguir mi aprobación y mis pequeños premios; yo, feliz de ver cómo el ambiente mejora y aprenden (contra todo pronóstico) y van emancipándose de un origen desfavorecido.

    Más claro, agua…

    Bueno, ¡que me enrollo! Lo estás haciendo muy bien, no tengas dudas. Solo siento que te cueste tanto dolor de cabeza cuando podría ser muy fácil si la sociedad (padres, profes, psicólogos) no estuviera tan perdida.

    Besos muy fuertes para las dos y… ¡ánimo!

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