Enero

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Anoche murió una de las mujeres más buenas y admirables que he conocido. Mi abuela.

Yo hacía fotocopias en la secretaría del colegio, y le mandé un whatsap a mi padre: “¿cómo sigue la abuela?”.

Respondió: “Llámame bonita cuando puedas”.

Yo sabía muy bien que si me pedía eso, era porque había muerto. Lo sabía. El corazón me fue a toda velocidad, me quedé mirando unos segundos a la fotocopiadora.

Ha sido un día largo, triste y muy intenso. Por alguna razón me he sentido interiormente muy nerviosa, aunque exteriormente parecía tranquila. He visto a muchas personas, muchas, hablándome, haciéndome reír, conversando sobre las mejores playas en verano o halagándome. He tenido a mi familia muy cerca. Unidos, como siempre.

Mi abuela ha sido una mujer maravillosa, alegre, inteligente, sensible, luchadora, preciosa. Con nueve años salvó a su padre para que no se lo llevaran los seguidores de un conocido dictador. Fue una mujer de mente liberal, amante del cine, del teatro, de los libros. Cariñosa. De ojos grises (o verdes). Entrañable, sabía cocinar muy bien, sobretodo la sopa y la ensaladilla rusa. Hace años que dejó de reconocernos, de hablar, aunque siempre sonreía al mirarnos, con ternura y con inocencia. Mi padre siempre trató la enfermedad de mi abuela con alegría, sin drama, y le decía muchas bromas para hacerla reír, aunque no recordase nuestros nombres. Mi abuela ha sido una mujer tan dulce, tan bonita, tan fuerte. En sus últimos años se convirtió en una mujer igualmente admirable, pero más pequeñita y vulnerable. Daban ganas de abrazarla mucho.

Estos dos últimos días han sido tristes. Largos. De espera. De dolor. Mi padre (que es el hombre más bueno, generoso y fuerte del mundo, además es médico y la ha ayudado en todo este proceso) no se ha separado ni un solo minuto, no sé de dónde saca su entereza, pero me gusta.

Mi abuela se ha ido, con su prudencia de siempre. Ha sido triste. Pero en mi familia tratamos de vivir el dolor sin drama, con una sonrisa más lánguida, o más azul.

Yo hoy he desayunado al sol, y me he fijado en que los álamos de la plaza estaban apuntando al cielo, ha sido bonito.

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3 comentarios en “Enero

  1. Ante la muerte de una persona querida por alguien que aprecio, nunca he sabido que hacer, que decir, ni como reaccionar. A mi mente viene el recuerdo de un montón de gente diciendo lo siento o cuanto lo lamento y es en esos momentos cuanto más me quedo mudo y a lo mejor puede parecer que no lo siento o no me duele, pero de los convencionalismos siempre he huído, porque a mi me gustaría saber cuanta gente lo dice de verdad y de corazón y no para cumplir o quedar bien. No, para mi la muerte de una persona conocida por alguien a quien aprecio es un momento triste y doloroso, aunque fuera una muerte anunciada. Mi dolor y mi lamento siempre van por dentro. Sin embargo la muerte aunque se lleve a la persona, nunca se lleva la relación que hemos tenido con la misma, ni la huella que ha dejado en nosotr@s. Por eso debemos conservar un albúm, aunque sea en nuestra mente con los recuerdos que nos ligaron a esa persona. En tu post dices y porque lo sientes que tu abuela era una de las mujeres más buenas y admirables que hayas conocido. Una mujer maravillosa, alegre, inteligente, sensible, luchadora, preciosa, dulce bonita, fuerte y muy valiente que teniendo nueve años salvó a su padre para que no se lo llevaran los seguidores de un conocido dictador. Una mujer de mente liberal, amante del cine, del teatro, de los libros. Cariñosa. De ojos grises (o verdes). Entrañable, sabía cocinar muy bien, sobretodo la sopa y la ensaladilla rusa. Y aunque hiciera años que dejó de reconoceros y de hablaros, aunque siempre sonreía al miraros, con ternura y con inocencia. Siempre daban ganas de abrazarla mucho. Todos estos recuerdos de cómo era, quien era y lo que significaba para ti tu abuela, son recuerdos que siempre se mantendrán vivos en ti y aunque ya fisicamente no esté a tu lado, lo estará siempre que te acuerdes de ella y hará que tu familia siga unida como siempre y que tu padre que es el hombre más bueno, generoso y fuerte del mundo y que además es médico, siga conservando esa entereza tan admirable en los momentos difíciles, de personas que su dolor y su angustia la llevan muy dentro, pero de cara al exterior desbordan alegría, para mitigar el sufrimiento de quienes están sufriendo. A partir de hoy te empezarás a fijar en cosas que no te habías fijado antes, cosas que harán que recuerdes a tu abuela, como en los álamos de la plaza que estaban apuntando al cielo y ha sido bonito.

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