La belleza subsiste en el recuerdo

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Aviso: creo que es el post más triste que he escrito.

“Aunque mis ojos ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba. Aunque ya nada pueda devolverme las horas de esplendor en la hierba, de la gloria en las flores, no debemos afligirnos, pues siempre, la belleza subsiste en el recuerdo”.
Natalie Wood. Esplendor en la hierba.

Esa siempre fue mi cita favorita de todas. La que Natalie Wood susurraba en aquella película que me dejó sin aliento. A veces, cuando lo necesito, vuelvo a ese largometraje, no por nada, no sé. Una vez, solo una vez, cuando yo rondaba los diecisiete años, me sentí como el personaje que interpreta en esta obra cinematográfica. Porque me enamoré un año antes de una de las mujeres a las que más he querido, y no pudo ser (drama lésbico total), no pudo ser porque aunque era correspondida, no sabíamos ni nombrar esa emoción (es lo que tiene ser educada por monjas y vivir bajo presión).

Mi pareja y yo estamos en standby, porque nunca tengo tiempo para sentarme a pensar y este verano ha sido como estallar en mil pedazos, hasta que alguien me dijo: necesitas respirar.

Y eso hago. Respirar hondo, contar hasta diez y hasta veinte.

Ahora duermo abrazada a una almohada, y me entrego al sueño solitario todas las noches. Ahora practico más el auto amor, y se me hace extraño, porque llevo casi desde la niñez, acariciando pieles ajenas.

No lloro. Apenas nada. Pero ayer, por ejemplo, que visité a mi familia fugazmente, mi padre me miró con ternura y preocupación, y me abrazó, y … quise llorar como lloran los niños, aún así, me sequé las lágrimas para evitar que se entristecieran y fingí alergia y prisas. Me subí al coche rápidamente, y traté de no mirarles mientras decían “hasta pronto” moviendo las manos. Porque sé que si nuestros ojos coinciden, estaré perdida.

Sé que he tomado la decisión adecuada. Sé que esto que tengo ahora, es lo que quiero y necesito. Soy consciente. Desde que cumplí los 25, dejé de ser impulsiva, y aprendí a decidir en función de lo que siento y del daño (o la felicidad) que puedo provocar en los demás. Aunque eso conlleve tomar los caminos más difíciles. Ahora el corazón me sangra y tengo que cortar hemorragias. Y si, es un proceso doloroso, aunque sea yo siempre la que rompe o paraliza las relaciones más importantes de mi vida.

No sé por qué, pero justo en este duelo de luces y sombras, se me llena la cabeza de recuerdos de otras relaciones, de otras historias lejanas que dormían desde hace tiempo. De todas esas chicas o mujeres que tanto me han querido. De las veces que me han mirado entre lágrimas, y no he podido desandar para ayudarlas. De las veces que cerré los puños y los ojos para tragarme tristezas o frustraciones y evitar así, una ruptura o una discusión. De las noches que he dormido con la mirada húmeda. De aquel abrazo en un semáforo. De aquellas llamadas a deshoras. De mis tres horas de sueño tantas veces. De la primera vez que una chica me dijo “te quiero” y casi me desmayo en un autobús Madrid-Salamanca. De los novios que tuve con el corazón temblándoles en la mano, que aceptaron que no, que no podía ser. De las horas que pasé estudiando selectividad confusa, sin saber qué quería. De mi madre sufriendo si sufro. De mi hermana diciéndome siempre que si, que estará siempre para apoyarme. De mi concepto del amor del siglo XIX con claros retazos del siglo XXI. De mis ansias de libertad y de amor. De aquella ex que me robó las ganas de ser yo, con sus celos y enojos, con aquellos gritos que retumbaban en las paredes de aquel piso de alquiler hace tantos años. De aquel día en el que dije: basta y hasta aquí. Aquella mañana de sol y tristeza de finales de octubre. Del verano de amor que me regaló una mujer a la que solo supe querer tres meses por incompatibilidad de principios. De una tarde de julio de hace unos años, en la que se desvaneció mi dulzura y mi templanza y arrojé todo por los aires, sin reconocerme. De los libros que leí y de cuánto quise vivir cosas así, aunque si cuento mi vida, creo que es una película de Almodovar y a veces de Woody Allen.

Del dolor. Me acuerdo del dolor en el costado cuando alguien a quien quise con toda mi alma, me llamó llorando diciendo que no podía hacerle eso a su pareja, después de un año jurándome que si. Hacía 38 grados y yo salía de trabajar. Y sentí frío de congelador en aquella avenida. Ese dolor en el costado, no se me olvida. Por mucho que después ella volviese rogando, con su acento roto de arrepentimiento, yo ya sabía que no podría ser. A mí se me jode una vez. Dos no.

Yo creo que he sido, pese a todo, muy afortunada. Porque me han querido sin medida, siempre. Y he conocido a personas extraordinarias, de las que he aprendido tantas cosas que me falta vida para agradecerles todo. Mi hermana me dice: es lo que tiene ser guapa, que te lo llevas todo para ti.

Que va, le respondo siempre. Pese a ser afortunada tantas veces, he llegado a experimentar una soledad absoluta en numerosas ocasiones, y las decepciones las voy soltando, como puedo, entre las piedras. Yo siempre he batallado por entregarme en manos, piernas, sexo, alma, corazón, boca, y cuando estoy con alguien, trato de ofrecer lo mejor de mí. Pero aún así, no hay culpables cuando todo se tuerce y la tormenta se prolonga más de la cuenta.

Me siento muchísimo mejor después de haber escrito este deprimente post, me quedó fatal, pero me ha obligado a llorar un poco, que me hacía falta. Ha sido como volcarme un poco.

Yo avisé que no era un post de alegrías, ni niños que danzan, ni post de playa de verano.

 

 

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11 comentarios en “La belleza subsiste en el recuerdo

  1. Me ha golpeado cada una de tus palabras. Solo tengo 17 años pero a veces me siento como una solitaria roca de un siglo, ultimamente las lágrimas salen sin permiso de mis ojos y arrasan con toda la felicidad de mi sonrisa. Tengo una relación a distancia desde hace casi un año con una chica maravillosa pero las cosas siempre han sido dificiles para nosotras debido a que casi no podemos vernos y que hablamos a escondidas porque su familia no sabe que ella es lesbiana. Sinceramente a veces me dan ganas de tirar la toalla, de escapar, pero quiero verla de nuevo. Hace mucho que no río hasta que me duela el estómago o pinto con la pasión de antes. Quiero pensar que es una tristeza pasajera, pero creo que ya se quedó a vivir conmigo…

    • A “Mar”: gracias por tu comentario. Eres muy joven, disfruta a veces de esa tristeza (disfruta también del placer de vuestras muestras de cariño), tienes mucho por hacer todavía. No sé si te alivia, pero te aseguro que lo que ahora te asusta o te aflige, después te resultará mucho más pequeño y sencillo.
      Un abrazo guapa

  2. Buenas tardes,
    Me encanta relativizar, de hecho creo que debería de convertirse en deporte olímpico por varias razones:
    1. Me encantaría tener una aplicación incorporada a alguna parte de mi organismo, que me permitiera deshacer una frase, un gesto….espero que Google la ofrezca con relativa celeridad.
    2. Porque según Heráclito, no nos podemos bañar dos veces en el mismo río. Como no comentó nada de las playas, me quedo más tranquila.
    3. Si estas gestionando una portabilidad, hasta el último minuto te harán dudar. Personal encantador de la compañía operadora “saliente”, te ofrecerá desde un viaje con todos los gastos incluidos al Womad de Cáceres hasta un potaje casero,….¿Porqué no me lo ofrecerían el viernes?.
    4. La combinación de vacaciones y calor, tienen más peligro que un concierto de Lady Gaga vs Miely Cyrus.
    Todo pasa y todo regresa: tiempo y distancia.
    ¿Quién sabe qué es lo correcto? Unos se van a Andorra de retiro, otros localizan por whatsapp a sus ex, …
    Pero mientras Wyoming me alegre las noches todo tendrá más sentido.
    Con cariño.

  3. Hola,
    (Pensé en escribirte esto a tu correo pero no sé si lo leás)
    No tendrías que avisarnos que esta es una entrada diferente a las de niños, alegrías y playa a las que nos tenés acostumbradas y que tanto disfrutamos… este es tu blog y tu espacio, vos escribís como querés y quienes estamos del otro lado podemos sentir, al menos un poco, de lo que querés transmitir (decir que todo no sé si es posible) pero igual disfrutamos leerte.
    Te leo y siento una ligera punzadita de alfiler en algún lugar. Porque tus palabras esbozan sentimientos profundos, tan reales, tan humanos, que desearía conocerte y estar con vos en estos momentos para mirarte a los ojos y decirte que podés contar conmigo: al final, solo sos un ser humano; desearía tenerte al lado para poder abrazarte y decirte que todo va a estar bien.
    El otro día le decía a mi amiga que siempre me guardo algo para mí, algo de sentir, algo de vivir exclusivamente para mí; esto con el afán de no salir lastimada al darlo todo, por ese miedo idiota a sentir. No me refiero a esas relaciones de pareja co dependientes o enfermizas, sino a todas las relaciones en la vida. Ahora que leí lo que estás pasando pensé en esto, porque creo que puede ser que en algún punto no te hayás hecho reservas para vos o puede ser lo contrario.
    Creo que personas como vos son poco comprendidas, pero te admiro mucho. Admiro tu transparencia, tu humanidad, tu sensibilidad… muchas desearíamos conocer de primera mano la mitad de eso que sentís, aunque ahora mismo para vos sea difícil manejarlo.
    Escribí, hablá, buscá salir con amistades o estar tiempo con vos misma, pero hagas lo que hagas asegurate que te lleve a donde merecés estar. Este es tu proceso, no debés tampoco procuparte por rendirle cuentas a nadie, ante todo, recordá pensar en primer lugar, segundo lugar y tercer lugar, en vos…. ya cuando pasen estas circunstancias podrás volver con los otros y darás las explicaciones que a vos te parezcan convenientes.

    Un inmenso abrazo y un besote, Bonita.

    • A “SimpleDay”: claro que puedo leerte, guapa, ya sabes mi correo (caminosdelespejo2.0@gmail.com). Y tienes razón en mucho de lo que dices, gracias. Siempre me gusta verte por aquí. Súper beso para ti también!

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