Mi mejor amiga, que dice que va a tocarme la guitarra y luego no se atreve

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Y en estos meses de incertidumbres, deseos, dudas y miedos, estás ahí, girando siempre para mí. Aunque yo esté más vulnerable de lo normal. Aunque ahora no soy toda luz ni toda tierra.

No importa el modo ni la hora. Siempre dices: aquí estoy.

¿Cuántos años hace que nos conocemos, Carol? ¿Cuántos?

Hoy me has dicho que hace dos años nos enfadamos, y que escribí un post sobre ello, sin nombres ni detalles, unas líneas de una amistad que se rompía por las esquinas, y que aquello te dolió aunque lo escribí con todo el amor del mundo. Yo ya no me acordaba, no consigo retener los escasos oscuros momentos entre nosotras.

Lo arreglamos, claro. Porque yo no puedo enfadarme contigo, y viceversa. La verdad es que no sé enfadarme con nadie en general. Contigo menos.

Contigo tengo de todo (afecto, abrazos, minutos, manzanas, amapolas y todas las estrellas). Eres la mejor amiga de todas las que puedes encontrarte en el mundo. La mejor. No puedo enumerar en una lista todo lo que proyectas en mí: luz, ternura, lealtad, dulzura, viajes, sueños, compañía. 

Yo sé que puedo ser contigo cualquier cosa, cualquiera, una niña que se esconde debajo de la mesa por tormenta, y una mujer segura y enorme que hace el amor y ama y sueña, una gacela que huye o simplemente corre a toda velocidad para sentir el viento. Tú me aceptas y me adoras los días azules y los amarillos, y no sé cómo puedo agradecértelo.

¿Cómo lo hago? ¿qué puedo hacer? ¿cómo encuentro el modo de decirte que si, que estás siempre al otro lado para encontrarnos?

Eres transparente. Puedo ver todo lo que llevas dentro, todas las palabras, lo que sueñas, lo que echas de menos, tu guitarra, las voces que te cuentan todas esas historias de castillos y jardines, tus cicatrices, el corazón bombeando, tus pulmones, y todos los hombres que has amado.

Eso es lo que más me gusta de tí, que no tienes dobleces ni segundas intenciones, que si dices si, es si. 

Ojos azules o verdes, pero siempre me miran, y se preocupan o me aplauden. Gracias.

El otro día, ¿te acuerdas? el otro día yo trataba de retener las lágrimas y mi voz sonó quebrada, porque, lo siento, pero ahora estoy un poco sobre la cuerda floja. Y sé que te duele, que sufres si sufro, que me pones voz si en una de estas, la pierdo. Hace años que no pasaba un mal trago. Pero estás aquí, amiga, mi, me y conmigo. Aquí estás, incluso a deshoras y con tu cuarto sin hacer, aunque ladre tu perro.

Y tu bondad, admiro esa capacidad que tienes para ayudar a los demás, a los que permanecen en la sombra, a los sin nombre. Es innato en ti. No puedes deshacerte de tu nobleza ni por un par de minutos, tus brazos siempre extendidos y tus manos tan llenas. Es que si me preguntan mañana en la cola del súper: Pero de todas las personas que conoces, ¿quién es la más buena?. Carol. Yo siempre diría eso, Carol. Porque te dejas la piel y el sueño por los individuos más frágiles.

Por eso, Carol, por eso no te llega ni un solo chico a la altura que tú mantienes, porque no podrían, ni de puntillas, alcanzarte. 

Música. No sé. Tu nombre se cose a ese concepto. Ya sabes que yo acudiré a todos tus conciertos, al primero y a todos los que vengan. Pero haz música, por favor. 

Gracias Carol, por todas las risas. Por todas. Y por ese amor fraternal que te nace desde la raíz y me rodea. Gracias. 

A Carol la conocí en una organización animalista, coincidimos en el tiempo, así, por casualidad, y desde entonces me acompaña. Porque, tú, me acompañas siempre. Y a veces, cuando abres esas manos y tratas de protegerme de cualquier tipo de peligro a tu juicio, no sé cómo agradecerte tanto amor sin límite ni etiqueta. No sé si me merezco todo lo que ofreces. Me encuentras guapa incluso cuando adelgazo y pierdo todo el brillo de mis ojos. 

Pero no somos amigas de café por semana ni de copas. Somos amigas de alma, vísceras y palabras. Somos de las que guerrean con amor y armas si hace falta. Y cortaré cabezas si alguien te araña una sola vez, supongo que eres consciente.  Es bonito. Creo, que, pese a ser de relaciones largas y estables, me has durado más que cualquiera de mis parejas. Y me has querido siempre, de un modo incondicional. Aunque aquel 30 de diciembre, casi me tambaleo y nos perdemos.

Aquí me tienes. Todo lo que tengo y llevo encima, es tuyo. Quiero ayudarte, si, cuando cualquier imprevisto te apague, y digas: no sé si esta vez puedo, volveré a encenderte, no importa cómo ni cuando, estoy, y voy contigo.

Gracias por todo.

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4 comentarios en “Mi mejor amiga, que dice que va a tocarme la guitarra y luego no se atreve

  1. Tocaré para ti, cada vez que quieras. Ya estás en mi corazón desde hace años, pero hoy lo has acariciado. Es hermoso lo que has hecho. Ser tu amiga es un honor. Hoy acariciaste mi corazón y por eso hoy se enciende una luz más en nuestro esplendente camino. Hoy no lo olvido. Te quiero infinito.

  2. Hola,
    ¡Qué lindo! Creo que la amistad es maravillosa y una amistad sana (como la que describís) es mucho mejor, pues los amigos son esa familia que cada cual escoge: sin vínculos preconcebidos por la naturaleza, sin imposiciones, sin presiones sociales…. solo por convicción.
    Un abrazo,

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