Cero

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Día cero.

Tengo que contar a partir de aquí.

Hoy dolor intenso de cabeza, supongo que por culpa de la neblina y del clima inestable de este casi otoño prematuro. Los niños gritaban encendidos, por el aula y el patio, con sus pantalones cortos y las mejillas sudadas de alegría. He leído un cuento sobre monstruos que atraviesan diferentes estados emocionales y cambian de color, según practiquen unas actividades u otras. Hemos debatido posteriormente qué nos hace felices, qué nos preocupa, qué nos provoca tristeza o miedo. Qué graciosos, casi todos coinciden en que la oscuridad les angustia, tomar helados les alegra, acariciar cachorros les vuelve cariñosos/as y que les regañen les entristece. El relato les incitaba a mostrar sus sentimientos, procesándolos, sintiéndolos, dejándolos crecer.

Hoy he retenido lágrimas en un supermercado. Y entre las cajas de cereales he pensado: ¿por qué te contienes? llora un poco. ¿Cómo voy a invitar a los niños/as a que vivan sus emociones si no sé hacerlo ni yo?

Ha sido un segundo, pero mis lágrimas han rodado silenciosas en el pasillo doce, entre carros de la compra.

He presenciado una escena lamentable mientras me tomaba un zumo de naranja. Una joven llena de cardenales y quemaduras discutía con su padre, él le pedía que volviese a casa, ella gritaba que no podía dejar a su novio, aunque le pegase, porque estaba enamorada.

Qué triste.

El amor es cualquier cosa menos eso.

He pensado que si tengo una hija algún día, me dejaré la piel para que aprenda a desarrollar un espíritu crítico, a resolverse los problemas por sí misma y por supuesto a percibir el amor como un acto maravilloso basado en la admiración, la libertad y el respeto más absoluto.

Últimamente me siento desconectada de todo, de aquel parque que tanto me gustaba, de aquel bulevar, de las miradas de los niños que sonríen con los ojos, de la ternura de mi perro, de mis padres, de aquellos libros que duermen en mi memoria, de las voces de otros, de la gente que sube al autobús en la misma parada en la que hace un año esperaba todas las mañanas, de la foto que me mandó anoche mi madre en la que salgo con tres años fingiendo sostener un cigarrillo entre mis labios hecho con una servilleta de papel, de las series que esperaba con impaciencia para septiembre, de algunas personas que me llaman para preguntarme cómo estoy y a las que no cojo el teléfono, del té que ponían en aquella cafetería vintage, de este reflejo borroso que contemplo al mirarme en el espejo. Creo que estoy más guapa callada últimamente. Porque quizá no me explico, o no me entienden, pero lo único que quiero es estar bien, ofrecer todo lo que llevo en los bolsillos y en las palmas de las manos, y ser jodidamente feliz.

Pero eso me lo permito hoy. Mañana no. Hoy el dolor agarrado al costado, mañana otra cosa más interesante.

Alguien me dijo que disfrutase de mis momentos azules, que son tan necesarios y hermosos como los otros. Eso intento.

No sé si me gusta la luz que entra por mi ventana de la sala de estar. Todavía no lo he decidido. Se destiñe el verano tan despacio que no corren los relojes, y sin embargo, mi ventana se traga los primeros destellos del otoño y los derrama sin piedad, sobre el sofá. Y no. Yo es que no soporto las medias tintas. O es verano o es otoño. Y ya.

Y hoy, en mitad de este día caótico y triste, una alumna en la que apenas había reparado (porque esta no levanta la voz), se incorpora muy despacio y me susurra: Te quiero.

Os prometo que ha sido el momento más bonito que he tenido hoy. La he mirado, nos hemos sonreído. No sé si ella ha podido vislumbrar mi estado anímico porque finjo súper bien. Pero la he cogido en brazos, y hemos girado un rato. Ella se reía. Los demás decían: yo también, yo también, cógeme a mí.

Y no. No puedo cogerlos a todos. Pero a ella si. No me voy a olvidar de su nombre.

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2 comentarios en “Cero

  1. Me ha maravillado tu relato. Y si que es verdad hay momentos de indiferencia en nuestro estado anímico. Yo pienso que es un recurso que tiene la mente para desconectar y poder afrontar lo que venga después con más fuerzas.

  2. ¡Hola! Llevo un tiempo leyendo algunos de tus posts y me gustan mucho. Me gusta la forma en que percibes el mundo que te rodea, de lo más nimio y cotidiano a lo más profundo y trascendental, me gusta tu forma de utilizar las palabras para exteriorizarlo y compartirlo, me gustan los temas que tratas y tu visión de ellos. En definitiva, me gusta tu blog: felicidades y gracias.

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