Metamorfosis

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(He elegido esta fotografía porque es muy parecida a mí, tengo unas gafas parecidas, una bufanda idéntica, una chaqueta similar y ese es mi peinado cuando me recojo el pelo aunque soy más rubia y probablemente más tonta por ello…)

¿Alguna vez habéis sentido tocar fondo? como cuando decides lanzarte a una piscina, siendo niña, y no tienes la absoluta seguridad de conocer la profundidad del agua. Ese momento en el que aún así te lanzas de cabeza, estirando los brazos, tomando impulso y una vez dentro, no tienes la destreza necesaria para nadar entre tantas personas alrededor.

Bueno. No es que haya tocado fondo. Pero quizá sentí algo parecido.

Dejé a mi pareja después de bastantes años estables, conviviendo y creciendo a su lado rodeadas de una inmensa tranquilidad siempre. Tomar aquella decisión me trastornó, aunque sabía que era necesario y justo romper aquel lazo que nos unía. Desde ese momento, dejé de vivir en verano (porque estábamos en verano), dejé de disfrutar de esos días de sol, de mar, para adentrarme en lo que todo ese huracán me hacía sentir, y comenzar un duelo. A veces, cuando atravesamos experiencias o procesos de ese tipo, dejamos de ser nosotras/os mismas/os, para convertirnos en otras personas, más vulnerables, inestables, idiotas incluso, egoístas, desconfiadas/os… Distintas/os. El proceso de desapego de otra persona a la que quieres conlleva precisamente eso: dejar de ser nosotras/os para volver a reencontrarnos. El otro día, una amiga de la adolescencia me dijo: las relaciones son hilos que nos conducen a nosotras/os mismas/os. Puede que lleve razón. El vínculo con otros individuos, las relaciones afectivas, pueden ayudarnos a conocernos mejor, y nos obligan a desarrollar numerosas estrategias o actitudes positivas.

Yo no quise dejar de ser yo. Fue algo irremediable. Pero fui consciente ayer de que me había perdido.

Mi nombre lleva H. Al principio. Es la primera letra. Para mí esa hache siempre ha tenido un significado especial, algo que me distinguía. Hace unas semanas una amiga me dijo que quizá había perdido esa hache entre tanto trasiego.

Y va a llevar razón, como siempre.

Así que esta mañana en la ducha, pensaba en una lista de cosas que necesito recuperar o encontrar en objetos perdidos, todo aquello que me hacía ser yo y no otra persona. Aquí están algunos de ellos, y lo escribo para no volver a olvidarlos.

– Sosiego interior. Siempre fui una persona apasionada con aquello que me gusta pero muy tranquila, podía vivir un terremoto y seguir sintiendo las mismas pulsaciones que un rato antes. Eso me permitía ayudar a los demás, siempre sentí que las personas a las que quiero, o incluso a conocidas no tan cercanas, necesitaban contar conmigo para estar sencillamente en silencio o me pedían abrazo para recuperar su calma. Mi presencia les bastaba. Últimamente la ansiedad ha vuelto (no me preocupa porque sé cómo manejarla y se acaba marchando), ha vuelto porque después de etapas de elevado estrés emocional y de cambios, suele llegar, asomando sus orejas, pero igualmente se retira.

– Estabilidad emocional. ¿Pero qué ha pasado con esto? si algo me ha caracterizado siempre es que nunca le otorgué a nadie (por mucho que le quisiera) el poder de manejar (inconscientemente como es obvio, no creo que nadie busque ese poder) mi estado anímico. De modo que yo siempre fui feliz o infeliz con independencia de lo que otras personas me provocaban en un momento dado. Creo que todo debe afectarnos hasta cierto punto, sin sentimientos desmedidos. Yo he estallado en estos últimos meses algunas veces, y no soy explosiva para nada, más bien todo lo contrario, incluso me han llegado a decir: pero discute, enfádate, grita de vez en cuando. Y nunca me ha salido así de forma natural, soy más de hablarlo todo con calma cuando me siento preparada, aunque eso no significa que no me enfade nunca. No obstante, últimamente no me reconozco, he estallado sin poder controlarlo (creo que esto es implícito a la ansiedad por los cambios), enfadándome de un modo poco habitual en mí. Pero ¿qué queréis? no puedo ser siempre lineal, perfecta, contenida.

– Seguridad. Bueno, esto no lo he perdido, sigo siendo muy segura, pero de algún modo se ha desvanecido mi fortaleza, y la seguridad se ha visto en ocasiones muy determinadas, afectada. Esta seguridad no me la reporta nadie, sino yo. Siempre me ha gustado cómo soy, ni mejor ni peor que nadie por supuesto, sin delirios de grandeza ni inseguridades pueriles. Me gusta cómo soy por fuera y cómo funciono por dentro, y esto ha sido así incluso en fases como la adolescencia. Esto no implica que me considere en ningún caso mejor a otra persona. Obviamente, mis ideas, principios éticos y conductas han evolucionado, siempre he tenido la tendencia a ser mejor persona sin presiones externas, si hubo algo en mí que causara dolor en otros individuos o que me impidiera avanzar, lo fui modificando.

– Aceptación de mis errores. Pues si. Esto siempre ha sido una batalla personal. Me educaron para ser una niña perfecta, y traté de serlo muchísimos años, mi nivel de autoexigencia era tal que a veces terminaba estallando. No quiero ser perfecta. Quiero que me amen y me aprecien por mis virtudes y defectos. Si esos defectos hieren, pondré sin duda todo de mi parte para mejorar en eso. Pero bueno, necesito volver a ser yo, aceptando mis errores, porque cometeré algunos (muchos o poco, no sé) a lo largo de mi existencia, y asumiré las consecuencias, pero sin culpabilizarme tanto.

– Centrarme. Llevo meses descentrada, ayer mismo me decían que no he terminado el libro, que escribo poco y de modo desordenado o inconstante en mi blog. Y es cierto. Quizá he sido así los últimos meses porque mi cabeza y mi corazón estaban entretenidos en exceso en otras cuestiones. Pensé que llevaba toda la razón del mundo, tengo que volver a concentrarme en aquellas actividades, personas o cosas que me hacen sentir bien. Escribir, terminar o cerrar proyectos, iniciar series o ver películas completas, mantener conversaciones con otras personas que no giren entorno a los cambios acontecidos en mi vida, sentirme útil ayudando en lo que pueda a los demás (también dejé de hacerlo, eso de escuchar problemas ajenos, quizá porque no tenía fuerzas necesarias y por primera vez necesitaba yo la ayuda), ir a nadar o en bicicleta, leer y terminar dichos libros, formularme nuevos proyectos que me ilusionen, participar en talleres de escritura…

– Fuerza. Si. He perdido parte de esto también. No estoy débil, pero tampoco estoy en mi mejor momento. Tampoco es para morirse, pero la quiero de vuelta. Fuerza para aceptar muchísimas nuevas perspectivas, personas, procesos, estados, funcionamientos. Fuerza para ceder en aquello que considere conveniente y para decir no, en aquello que no me guste ceder. Porque ahora comprendo que no tengo que ceder siempre en todo para contentar a otros/as, sino que más bien, debo asumir ciertas cosas y seguir siendo yo al mismo tiempo. Fuerza para intentar que las cosas marchen, pero sin perderla en ningún caso si no consigo que salgan perfectas.

– Pragmatismo y pasión. No he perdido ninguna de estas características mías. Pero necesito que coexistan de nuevo, sin pisarse. Sencillamente.

Y ya. Yo creo que es suficiente trabajo el que me queda, pero me lo tomo con calma y disfrutando del proceso. Así, del mismo modo, os propongo a las/os que estéis pasando por estados parecidos, que cojáis impulso, pero mucho, y volváis a encontraros al otro lado del espejo.

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21 comentarios en “Metamorfosis

  1. Yo! yo estoy pasando por lo mismo y ha sido muy duro. Me siento llena de sentimientos todo el tiempo, y no sé a quién expresárselos ni cómo hacerlo.
    Me ha gustado mucho leer tu entrada, me hace caer en la cuenta de que no soy la única que pasa por esos procesos, aunque sí me he tardado mucho.

    • A Daniela: claro que no eres la única, probablemente te cruces todos los días con algunas personas que están atravesando la misma situación. Este tipo de procesos son dolorosos pero pueden mostrarnos nuevas capas y posibilidades sobre nosotras/os mismas/os que antes desconocíamos. Aquí tienes un espacio para que te sientas acompañada en el camino de volver a reencontrarte. Un abrazo.

  2. Termino de leer…respiro profundo…me preparo para tomar impulso y aqui vamos!. Lo unico permanente en nuestras historias de vida somos nosotros mismos y no nos queda de otra que ir avanzando de capitulo en capitulo.
    Gracias por escribir de nuevo elhadalesbiana.

  3. Me gustan las decisiones que se “ven” después de la ducha. Lo de dejar de ser perfecta. Que la ansiedad se va. Centrarse en las personas y cosas que te hacen bien… y que vuelva el verano interno.

  4. Tienes las cosas muy claras (¡incluso lo que tiene que ver con la ansiedad!), así que solo queda recorrer el camino. No es fácil, pero resulta un poco más sencillo si se sabe adónde se quiere ir. ¡Ánimo!

    Sí que te pareces a la de la foto, jeje 😛

  5. Hola guapa. Me veo en la obligación de decirte que me encanta tu forma de ser y todo lo que eres capaz de transmitir en tus escritos, me en-can-tas. Eres una mujer increíble y desde aquí puedo notar tu seguridad, belleza y fuerza.
    Beatriz

  6. Te cuento:
    1. Si te pareces a la de la foto.
    2. Si sientes como escribes.
    3. Si tienes esa bestial sensibilidad.
    4. Si te has quedado soltera.
    Resultado:
    Yo te pediría una cita porque te leo desde hace un millón de años y me pareces fuera de lo común.

  7. A veces las cosas que nos pasan nos alejan de nuestro centro. Y fíjate cómo puede ser convivir con otra persona mucha tiempo; en una relación se comparte nuestro yo. Y, si para mantenerla, hemos tenido que ceder en muchas cosas o ha se ha tenido que “gastar” tanta energía sin recibirla por otro lado, pues eso… nos hemos alejado de nuestro centro.. Hay formas que ayudan a volver a nuestro centro, el yoga, la meditación ayudan a calmar un poco el torbellino de pensamientos que nos impiden concentrarnos en lo importante y en nuestra felicidad (tampoco te creas que lo he comprobado mucho 😉

    Aunque en lo poco que te he leído no has perdido tanto de tu esencia. Pareces una persona tranquila, sensata, lógica, segura, fuerte y pragmática. Así que igual no has perdido tanto como piensas y solo es cuestión de que te sientes y respires. Ánimo y ommmmm

    Besos

    • Gracias Marta, y si, es cierto que debemos encontrar el modo de volver a nuestro centro, a veces se nos olvida el lugar en el que lo dejamos.
      Un beso, un placer tenerte por aquí.

  8. Ánimos. Es duro ese momento y no pasa rápido. Reconocerse de nuevo es una aventura, con sus baches, por supuesto. Estás en el viaje del héroe. Ahora todo el mundo te hablará de procesos y acabarás harta de la palabra. Un beso.

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